Corazón a papel

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Superestrella bajo tu nariz

Se sentaron. Ordenaron la comida. Conversación agradable y poco trascendente. Era un tipo medio importante que invitó a otro que decían, empezaba a serlo. Había que ver cuál era todo el aspaviento, después de todo, invitar a alguien famosillo para que los vieran juntos podía hacerlo más famosillo a él, había que cumplir con decir que al menos lo llevó a comer. “¿Qué tanto le ven digo yo?… es re normal…”
Entra una medio loca haciendo una escena digna de una “Bielieber” a tirársele mientras comían y lloraba y lloraba, mientras le besaba los pies! «Palabra que hay gente que no mide!  que clavo…!»

Uno miraba a un tipo popular con el que convenía quedar bien. Otra miraba a la Superestrella más increíble del universo con el poder de transformar el curso de su historia.
Mismo restaurante, mismo invitado, montón de gente y dos pares de ojos conectados a dos corazones diametralmente opuestos.
Jesús estuvo en ese lugar con dos personas pero sólo una de ellas estuvo con Él. Lo tuvieron en frente, lo tocaron, pero uno nunca supo verlo como el Rey que es y la otra no podía dejar de verlo así y desplomarse a Sus pies.
La clave para ver grandeza no está en los ojos. Está en el corazón. Estar en presencia de grandeza jamás ha determinado qué hacemos con ella.
Hay gente que se codea con bendiciones a diario y las desprecia sin darse por enterada. Ser rodeados de grandeza no basta jamás para un necio que se enfoca en sí mismo y abusa pensando que lo merece.
Para el que lo sabe reconocer, Jesús es salvación, rescate, salida, respiro, belleza, gloria… para el resto, es un tipo… buena gente el tipo…

Esta historia de la vida real está en el libro de Lucas (7:36-50)

 

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Firma Aixa de López

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