Corazón a papel

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enternecidos por la gracia

IMG_5688por Aixa de López

Hay razones maravillosas que impulsan al discípulo de Cristo para decir que si, a una vida que no tiene tiene sentido para la gran mayoría. Ser cristiano no es adherirnos a un estilo de vida lleno de prohibiciones y reglas. No somos de esos que dicen «mi religión no me lo permite».

Honestamente, los ojos humanos tienen dificultad para distinguir entre alguien religioso y el verdadero cristiano (y quizás siempre ha costado). El religioso trata su relación con Dios como una ida al supermercado, al cual entra con una lista de lo que necesita cumplir y lo que necesita (quiere) que Dios le cumpla a él. La verdad, no ve a Dios como un Rey Santo ante el cual caer reverentemente, sino más como un político de alto rango con el cual conviene tener «cuello». El religioso hace mucho, se mantiene ocupado y se siente orgulloso de sus muchos roles y es mejor si lo felicitan, pero en el fondo del corazón, labora sin gozo y siempre viendo a los lados para medirse en comparación al vecino. Algo así como el hermano mayor del pródigo. 

En «un buen día» cuando las cosas le salen bien y siente que cumplió, se siente más acreedor de estar frente a Dios y asume que si le fue bien, es porque él es bueno.

En los días malos se excusa, culpa a otros y se distancia de Dios, avergonzado o resentido. Y como el religioso piensa más bien en una relación de negocio, de intercambio, cuando siente que «Dios no le cumple», se va.

Pero el cristiano… El cristiano verdadero sabe que no tiene derecho o mérito propio para venir delante de Dios, y vive constantemente maravillado de lo que Cristo hizo para traerlo a Su familia. Cada día que medita en la cruz y la maldad que lo habita, alaba más intensamente porque está perfectamente consiente de que solo puede tener una relación con Dios porque está vestido con la perfecta justicia de Jesús, como una bata de hotel blanca, y tibia, que lo cubre y le da derecho. Una bata que él no pagó, sino que le fue dada.

El que ya empezó a entender la gracia, lo evidencia con una vida inclinada hacia el arrepentimiento constante y un trabajo que parte del amor, no que se hace para obtenerlo. El cristiano verdadero desborda en actos constantes de amor sacrificial secreto porque entiende que su Señor lo ve y eso le basta. Vive en santidad porque la santidad es producto de la gracia. El buen comportamiento gozoso, es producto de haber sido amados.

Vive tan encandilado por ese regalo, que no puede pensar que es mejor que otro. Ha perdido su capacidad de ver a alguien hacia abajo. Entiende que él es un mendigo al que le hicieron el favor. Y su corazón se ha llegado a ablandar tanto por esa muerte de cruz que tuvo que suceder, que el dolor de pecar, aumenta. Cada vez es menos difícil pedir perdón y se apura a perdonar. Recibir eso que no merecía lo ha enternecido hasta cambiar lo que quiere: lo que quiere no es esquivar el castigo de no cumplir reglas… quiere a su Padre.

Firma Aixa de López

2 respuestas a “enternecidos por la gracia”

  1. Milagros dice:

    Es de mucha bendición este blog, me lo compartió una amiga y es uno de los mas bonitos regalos. Los artículos son muy hermosos porque nos muestra mas a Cristo, y me anima permitir que Dios desarrolle en mí ese corazón sensible por él y por los demás. Que Dios te siga usando Aixa.

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