Corazón a papel

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Lo que ganan los que pierden

Estadísticamente está comprobado que por cada ganador, hay… montones de perdedores. Por dicho motivo, en general no soy muy amiga de ese famoso sistema y creo que la vida va bastante bien en muchísimos asuntos, sin el. Por ejemplo, leer, escribir, dibujar… se pueden aprender y perfeccionar sin el trámite desgastante y productor de gastritis, llamado competencia. (pequeña nota subliminal para colegios)

Cada cuatro años en nuestro país, salen a la luz competidores que se mal-matan por ganar algo… y cada cuatro años hay solamente un ganador en cada categoría. Así son las reglas. Así es la vida. La verdad, casi no sacan a los que pierden porque todos quieren ver a los que ganan. Acá un par (o trío) de párrafos para ellos… (y todos los que alguna vez hemos tenido que tragar amargo y decir “perdí”)

Perder es relativo si se piensa bien. A veces la euforia de ganar nubla un poco la objetividad y corremos el riesgo de creer que somos mejores de lo que en realidad somos. Cuando algo sale bien, es más fácil dejar de analizarnos. Perder nos detiene la mirada en lo que faltó y eso no es del todo malo, porque al reconocer nuestras debilidades podemos también reconocer en qué necesitamos ayuda y si el orgullo no nos gana, los momentos en el cuarto de los “perdedores” pueden acortarse.

Perder pone a prueba los motivos verdaderos del corazón. Durante las campañas, todos los participantes nos quieren convencer de que están dispuestos a gastarse por nuestro bien. Que quieren poner su vida en servicio por todos nosotros. Wow. Que nobleza… madres Teresas con chumpas de colores, bordadas con algún logotipo. Si después de perder, ese interés sigue allí, lo que toca es trabajar donde se pueda, con lo que se tenga. Y no necesariamente desde un cargo público, puede ser que se limite a un trabajo honesto y silencioso siendo ciudadanos ejemplares.

Perder es un filtro de amigos verdaderos. Todos quieren codearse con los ganadores. Los aduladores rodean a los importantes, las sonrisas falsas vienen por docena y los buenos deseos con doblez, como si fueran conejos en primavera. Sólo un iluso ignora este hecho y cree cada cumplido cuando está en la cima. El tiempo de la derrota es una bendición en secreto para el que tiene gente sincera que se queda. Las dudas se esfuman y los intereses se transparentan. Que alivio o no?

Dios trabaja más a través de fracasos que de éxitos. Le es más fácil trabajar con gente que sabe sus límites, que con cabezones que se creen superman. A veces se gana muchísimo más perdiendo que ganando porque las lecciones que escribe la derrota son en el carácter y tienen el poder de desatar la mejor versión de lo que somos.

 

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Firma Aixa de López

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