Corazón a papel

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Granjita de monstruos

Monstruos por Juan Marcos López

Monstruos por Juan Marcos López

Por Aixa de López

 

 

¿Cómo se brinca de ser una nena tímida y dulce a ser una leonesa superficial que devora lo que no le pertenece?

En mi amada Guate parece haber un desfile de personajes así en las noticias últimamente. Personas que hace unos años eran niños y que hoy son conocidos por su avaricia descomunal mientras desempeñan cargos públicos. El recorrido parece no tomar mucho tiempo. ¿En qué momento sucede ese traslado? CS Lewis dijo “es curioso cómo día a día nada cambia y luego ves para atrás y todo es diferente”.

Así pasa con eso. Nacemos con una granjita de monstruos chiquitos en nuestro corazón. Adán los dejó entrar y desde allí, ninguno de nosotros ha podido sacarlos. Nacemos con la misma enfermedad… Todos somos de la misma materia prima. Todos inclinados hacia el mismo lado: el nuestro. Lejos de Dios. (Sal. 51:5, Rom. 3:9-18)

Y pareciera que el problema es el ambiente en el que cierta gente se coloca, que llegan buenos y se corrompen estando allí, pero es mentira. El mal habita adentro. (Mt. 15:19)

Esos mugrosos monstruos con los que nacemos, son muy peligrosos porque al principio parecen inocentes. Es como una de esas granjitas de zoológico, donde hay animales domesticados que se pueden acariciar y darles de comer en la boca. Ningún peligro letal aparenta serlo al principio. En particular el de la codicia, sabe ser callado, discreto… se disfraza y se esconde excelentemente. Debe ser de los más peligrosos porque es de los que Jesús nos advirtió con más frecuencia. (Lucas 12:15, Hebreos 13:5)

Y veo a una chica a la que Rubén Blades llamaría “plástica”, posando orgullosa dentro de fotos de una realidad que es prestada. Robada. Porque no es con dinero bien ganado. Su instagram es una bandera que se burla de los que sufren en el país al cual ella debería estar sirviendo. Adentro del corazón, su granjita de monstruos se volvió su Jurassic Park y le está robando la identidad y ella aún ni se entera. No sabe que la factura está en camino. (Rom. 6:23)

Así trabaja el pecado y su departamento de ventas… monta su adorable e inocente granjita y anuncia y exagera ridículamente los beneficios, sólo que cuando nos ha desfalcado y nos deja por muertos, no hay quien atienda las llamadas. El infierno tiene el mejor departamento de ventas y el peor servicio al cliente. (Stgo. 1:14-15) Y empaña la razón… trata de que ignoremos la verdad… y la verdad es que todo lo que nos está ofreciendo es baratija que se pudre en 3 segundos. Y miente prometiendo que seremos intocables. Y que esta vida es todo lo que hay. (pero no… 1 Cor. 15:19)

La codicia es tan peligrosa… porque es un vicio socialmente aceptable. Es un cáncer aplaudido en las redes. Hasta sabe disfrazarse de religiosidad… “si sigo a Dios, le obedezco y hago muchas cosas buenas… me tiene que bendecir… debe darme lo que deseo”.

Si. El problema del corazón infestado de maldad es universal, pero existen hombres que deciden montar pelea y matar a esos monstruos, porque no hay opción. “O matamos al pecado o el pecado nos mata” (John Piper). Los hombres moralmente correctos hacen lo bueno para vivir bien en esta tierra pero los hombres espirituales son los que mueren a sus deseos matando a sus monstruos y revisando la granja a diario, porque tienen un premio eterno esperándolos. Esto en ocasiones les trae problemas, y puede costarles la vida. Pero son libres para incluso perderlo todo aquí para llegar a recibir el galardón que jamás se pudre allá. Y son felices. No felices como en Facebook o instagram. Felices así como de “dormir confiados como leones” felices. Lloran y oran de la cólera por la injusticia. Pero descansan en la justicia divina. Felices. Y marchan pacíficamente. Un 16. Un 30. Y todos los demás días al cerrar la puerta. Marchan pacíficamente para dejar esa fauna interna bien cercada. Y aunque esa granjita de monstruos trata de controlarlos, ellos los ahogan a diario en Biblia… leen, memorizan, son quebrantados, transformados, re-programados por esas Palabras vivas… cuando el amor al dinero lucha por el gobierno del corazón de estos hombres, ellos luchan de regreso despojándose y yendo tras Jesús. Hacen un esfuerzo intencional por nunca olvidar que Jesús dijo con tristeza que “para los ricos es muy difícil entrar al Reino de los cielos” después de ver lo atado que estaba ese joven a su cuenta bancaria… (Marcos 10:17-29)

Y la niña que creció y se volvió de plástico no tiene porqué terminar víctima del monstruo al que alimentó demasiado por tonta. Por simple. Si la descubren y la despojan de su vida robada, las joyas y los viajes, es por pura gracia. Puede ser su camino de regreso a casa. Su encuentro con el verdadero tesoro y la verdadera satisfacción. Hay un factor clave en volverse gladiador de monstruos privados: sólo puede pasar cuando El que los venció definitivamente en el calvario nos abre los ojos para ver lo que está pasando y nos llama a declarar que jamás podremos sin su poderosa y magnífica ayuda. Jesús es ese segundo Adán que vino a desterrar la maldad que se aloja en todos los corazones que han latido y latirán… Por el cual podemos renunciar a plazas inventadas, mordidas, sueldos desproporcionados y honores falsos y vivir en paz, sostenidos en la verdad. Seremos completamente libres de la lucha en este cuerpo de muerte el día que nos llame o el día que Él regrese. Lo que pase antes.

A veces los finales más tristes son esos en los que Dios deja que recibamos todo lo que habíamos pensado que nos haría felices, solo para comprobar que el vacío no se llena. Finales tristes donde nos vamos con los bolsillos llenos y sin Cristo. Como el del joven rico. Tristemente atascado en el juego asqueroso de la avaricia y la falsa identidad. Atascado de dinero y nada más.

Pero puede ser que así como brinquemos de niños a monstruos codiciosos, Dios nos llame, nos resucite y nos traiga a un nuevo lugar donde lo que reine y mande sea Alguien más poderoso que esa maldita granja de monstruos mentirosos. (2 Cor. 4:6)

Firma Aixa de López

Una respuesta a “Granjita de monstruos”

  1. Ana Romero dice:

    Hola Aixa, es el primer contacto que tengo con tu Blog y esta entrada me ha encantado!
    Aquella frase de los finales felices me hizo reflexionar mucho: A veces Dios nos castiga dándonos lo que queremos… Y aquello que deseamos no siempre es bueno.
    Gracias por esta entrada 😀

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