Corazón a papel

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Cuando Dios parece niño de vecindario

IMG_8564Por Aixa de López

 

A veces Dios nos toca la puerta y pensamos que es como un muchachito travieso de vecindario, que llega a dejarnos algo en la entrada y sale corriendo.

Nos llega a entregar paquetes misteriosos que no pedimos y que no podemos regresar.

Oigo a menudo ese dicho de “lo que no te mata te hace más fuerte”… y supongo que se aplica para mucho… pero a veces, lo que no te mata está diseñado no para hacerte fuerte, sino para hacerte débil y hacerte confiar en las capacidades de Otro.

No sé, he llegado a pensar que lo que nos pasa es que hemos confundido a Dios con Santa Claus y pensamos que la cosa funciona en esa misma mecánica… Si me porto bien, Dios me tiene que premiar con darme exactamente lo que yo pida. Hemos llegado a creer en un dios de caricatura, predecible y a quien podemos darle órdenes y decirle qué funciona con nuestro plan, y qué no.

Y ese simplemente no es el Dios de la Biblia… no es un muchachito, y no es travieso. Es el Rey del Universo, es perfecto en sabiduría, y poderosamente soberano. Es, como se muestra en las Crónicas de Narnia, un león indomable.

Decretamos, atamos, desatamos, declaramos… cuando la mayoría de los paquetes que recibimos sin solicitar en nuestra puerta, y que rechazamos con furia , están siendo entregados con el fin de conocerlo más, confiar mejor.

Cuando Dios nos atrae hacia Él, y por misericordia nos abre los ojos a su Verdad, nos está trayendo a una aventura impredecible. No nos está proponiendo un contrato de seguros que nos describe las cláusulas detalladamente. Nos llama a seguirlo sin otra garantía que de su presencia fiel. Ah, y una cruz. Diseñada a la medida, con nuestro nombre. Eso. Cruz y su presencia. Exactamente lo necesario para ser felices. Aunque parezca locura.

Llevo algunos años de estar en este asunto. Me ha tocado destapar paquetes que han “desviado” mi plan de maneras tan sorpresivas, que me quedo muda, y quieta. Y creo que esa es la idea.

Si me preguntan, cada interrupción de Dios a mi plan, que yo creía que era muy bueno y noble, ha significado quebranto, pero jamás cambiaría lo que hoy conozco a Dios.

Cada día entiendo más que Dios no nos quiere llevar a casa más sabiondos, fuertes, astutos o auto-suficientes… nos quiere recibir más humildes, ubicados en nuestra paupérrima condición, indefensos y absolutamente gozosos de ser rescatados. Como niños. Conociéndolo, amando su compañía más que los regalos que trae.

Seguro que todas esas entregas sorpresivas que llegan de diferentes formas… ese embarazo cuando ya el último de los hijos está en secundaria, ese diagnóstico de cáncer, ese desempleo, esa pérdida, ese plan que “no salió”… son pura gracia. Puras oportunidades para dejar de querer achiquitar a Dios al tamaño de nuestra mente ridícula, y empezar a confiar. Solamente confiar y dejarlo a Él ser Dios.

 

 

 

Firma Aixa de López

3 respuestas a “Cuando Dios parece niño de vecindario”

  1. Eli González dice:

    He recibido hace muy poco, uno de «esos paquetes misteriosos» en la puerta de mi hogar… y aunque no lo entienda… sé que solo debo confiar en que El sabe que esto es bueno para mí (Romanos 8:28).

    Gracias por este blog.

    Bendiciones

  2. Sonia de Dardón dice:

    Creo que las pruebas sí nos hacen más fuertes o por lo menos deberíamos ser un poquito más sabios con cada prueba para poder enfrentar la siguiente, pero tienes toda la razón, sabios en el sentido de que es necesario que mengüemos nuestra fuerza, para que sea la de nuestro Padre la que se manifieste en nuestras vidas.

  3. Paola Gamarra dice:

    Comparto tu idea.
    Dios es amor, pero no el genio de la botella.
    He pasado por situaciones duras muy duras en mi vida, y Dios no respondió como pedí, respondió como Él quiso. Y aprendí a bajar la cabeza y darle gracias por todo, reconociendo lo temporal y apreciando lo eterno.
    Gracias.

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