Corazón a papel

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Corazon siames

IMG_0381Por Aixa de López

 

He llorado bastante últimamente. Estoy en el equipo de “Los que lloran” (LQLl).

 

Mientras nuestra temporada de llanto está en su apogeo, la vida a nuestro alrededor sigue su curso y la belleza va a brincarnos en la cara, pero corremos el gran riesgo de resentirla si no tenemos cuidado.

Nosotros, el equipo LQLl, debemos entender, que Dios está trabajando con cada uno y sabe exactamente lo que está haciendo en cada uno, así que comparar vidas es el acto más inútil y trágico que hay. Cada uno en nuestro equipo, LQLl, debe llegar al punto de quedarse quieto en la orilla del mar de su presencia y dejar que su ola poderosa de misericordia rompa en nosotros… todo, para que podamos saborear Su buenura, aún en nuestros días negros. Aún en los días en los que el pronóstico es nublado con chance de lluvia. Aún atravesando el valle… debemos rendirnos a esta verdad: su amor por nosotros, es potente e incambiable. Sólo con eso clavado en la cabeza y en la vista, vamos a soportar los golpes, y también… la felicidad de otros.

Nuestra verdad, aún en nuestros peores días, es que somos hijos extremadamente queridos del mejor Papá. (lean esa línea cuantas veces sea necesario).

A menos que estemos anclados en la verdad de que El nos está amando, a través de lo que nos está pasando, vamos a ver a los lados y la amargura va a ponerse cómoda en la sala de nuestro corazón y eventualmente, se va a quedar a vivir, nos va a empezar a decir mentiras, le vamos a creer, nos vamos a aislar y finalmente nos va a matar. Ese de hecho, es el plan de Satanás.

La alabanza es la clave. Decir en voz alta, cantando si es posible, todo lo que Dios fue, es, es y es, y seguirá siendo para siempre. Alabarlo es estacionar nuestra atención en eso. ¿Por qué? Algo pasa cuando lo decimos en voz alta, se vuelve real… esa Persona nos está amando en medio de esto.

La habilidad para sentir gusto sincero por una amiga, hermano, vecino o un perfecto extraño, en medio de nuestro dolor, sólo puede venir si le creemos a Dios completamente. Le creemos sus declaraciones de amor. Le creemos que es para bien. Le creemos que este dolor no será estéril.

Recuerdo que las señoras me decían que una vez tenían a sus bebés “¡se olvidaban por completo del dolor!”… yo, hice un compromiso conmigo misma y estuve con el radar atento para cuando llegara el momento, comprobar ese rumor. Déjenme decirles, que lo único que podía pensar después de dar a luz 2 veces, sin epidural, era: “¡Qué bola de mentirosas!” …¡pasó algo más glorioso que la amnesia!: Sentía el dolor (bastante) pero no paré de sentir gozo. Gloria y dolor, todo al mismo tiempo. Felicidad y dolor, combinados en un lugar. Uno y otro, coexistiendo como gemelos siameses. Uno no expulsaba al otro. Es más, el dolor que soporté me enseñó la fuerza del amor como nunca antes.

El dolor que Dios permite es el gemelo indeseado del Amor.

Qué cosa tan extraña y maravillosa la que le hace la gracia del Señor a un corazón… tener la capacidad de llorar con una agonía indescriptible a Sus pies, y simultáneamente tener paz y hasta alegría en conocer que Su presencia y amor están allí en mi valle y en la felicidad que están pasando otros. Si creemos que Dios es nuestro Rey soberano y no un consultor, como dice Tim Keller, entonces también tenemos que creer que todo lo que nos llega es por gracia, regalado, y los regalos llegan al ritmo que el dador disponga, así que, todo lo que nos está pasando es un regalo y todo lo que le está pasando a nuestro vecino, es un regalo también. Reconocer que no necesito fingir, sino puedo traerle mis lágrimas a Él, y que le importan, me permite gran libertad para gozarme con el otro equipo, el equipo de “Los que ríen”.

Dar a luz significó dolor y gozo. Vivir para Jesús es así.

 

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Una respuesta a “Corazon siames”

  1. Claudia Roulet dice:

    Estamos en el mismo equipo. Saludos prima!

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