Corazón a papel

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Mejor que un hijo

Foto y diseño por Aixa de López

Foto y diseño por Aixa de López

Por Aixa de López

 

 

Hace unos días se llenaron las redes y las casas, de rosas y alabanzas para las mamás.

…es un día difícil si se tiene corazón de madre pero los brazos vacíos.

Si sólo se puede imaginar o recordar lo que se siente y se carga una conversación secreta perenne en la mente que siempre se trata de lo mismo… ¿cómo sería mi vida, nuestra vida, con un hijo? ¿Cómo se vería ese hijo hoy? …Cada 10 de mayo, esa conversación pareciera tener altoparlante y fondo musical más triste.

Cada Día de la Madre es un recordatorio (como si se olvidara) de que los planes que se tenían no se parecen a la realidad… y si el mundo parece no comprender en los días “normales”, en el día de la madre, pareciera que te señala, te acorrala y se burla.

El mundo entero sigue al ritmo de la marcha del día, con su bulla y sus colores y sus sonrisas… y sus brazos llenos y sus mesas rodeadas… y tu con tu misma canción triste que suena privadamente, secretamente, mientras el desfile te deja. Al menos así se siente.

El mundo entero puede olvidarte y a menudo lo hace. Aún sin malas intenciones, lo hace… ¿Qué se hace con un día que celebra lo que a uno le duele?

Esconderse, esquivar o fingir es como poner curitas sobre un hueso roto. Es inútil.

Amo que la Biblia no esquiva los temas tristes o difíciles. Los encara y te presenta otra alternativa. Una que da vida. Hay a donde correr cuando al mundo entero parece olvidarse de ti. Y recuerdo a Ana. Una mujer que podría abrazarte hoy, y que puede en un sentido, si abres tu Biblia y lo permites. (La historia está en 1 Samuel)

Ana soñaba con un bebé y sufría porque su sueño no parecía venir jamás.

Ana tiene un esposo que la ama de verdad. Elcaná, trataba de “compensar” la angustia de su amada con su propia presencia y regalos, con su ternura y palabras de aprobación, y resultaba que… ese corazón tenía un agujero y si su esposo era un parche de tela, no era ni del tamaño ni del material adecuado. Un hombre bueno y comprensivo aún queda corto para tapar ese gran agujero en el corazón que quiere un hijo y que no puede terminar de comprender el dolor de extrañar algo que jamás se ha tenido. Pobre Elcana y pobre Ana.

Y había otro elemento… Penina. La mujer que tenía hijos a diestra y siniestra. Y la que pensaba que por tenerlos, tenía también el derecho de pavonearse y asumía que sus hijos habían llegado al mundo por algún tipo de mérito suyo. Nunca había entendido lo que luego Ana comprendió con esplendor: los hijos son regalos de Dios, y por regalos, entendamos… inmerecidos. Penina usaba a sus hijos para competir. Qué tragedia que me suene tan familiar ese asunto… Porque miro esas competencias en estos tiempos, pero son un poco más sofisticadas, disimuladas… en fiestas de cumpleaños, en foros de mamás, en Facebook, en salas de espera en el pediatra… Se nos vive olvidando que los hijos son herencia y bendición. No armas con las cuales demostrar que valemos.

Ana seguramente pasó un proceso de años que la Biblia nos cuenta en unos cuantos párrafos. Pero si estás leyendo esto con un nudo en la garganta y has recorrido este camino amargo, sabes cuánto dolor en cada letra.

Y ella llegó a entender algo que todas necesitamos entender: Nuestra meta final no es ser esposas amadas, ni ser madres, ni ser mejores que la vecina. Porque nuestro corazón tiene un agujero que por ratos nos engaña y piensa que esas cosas son lo máximo que pudiéramos necesitar y que si tenemos eso, tendremos todo… pero… nuestros corazones enfermos únicamente pueden ser regenerados por completo, por el Dios que nos hizo el corazón para quererlo.

Cuando Ana se dio cuenta de esto, entró al templo y se desplomó ante Dios y esta vez las lágrimas no fueron desperdiciadas ante los que no podían entender ni solventar. Si, cierto, el sacerdote Eli, que la vio en esas, la juzgó de borracha… porque él tampoco entendía, pero tiene que llegar al punto en el que nuestra desesperación por glorificar a Dios con nuestro quebranto sea más importante que las miradas de nadie. Esas lágrimas, las de ese día, fueron recogidas y contadas por el Dios que la estaba esperando todo ese tiempo. (Salmo 56:8) Y rogó por su sueño pero simultáneamente, lo entregó sin reparo, porque entendió que su identidad, su valor y su máximo propósito no era ser madre, sino ser dependiente de la única Fuente que jamás se le iba a agotar e hizo una promesa que parece un disparate: si Dios le concedía ese hijo, ella se lo iba a entregar.

Cualquiera que pide a Dios algo, sin entender que Dios es mejor que ese algo, corre el riesgo de poner su esperanza justo allí. Dios y Su presencia, es mejor que todos los sueños cumplidos sin Él. Ana lo supo.

Y Ana fue mamá. Y soltó a su hijo… y la competencia… y las lágrimas amargas. Pero no porque tuvo a Samuel, sino porque conoció que Dios era mejor.

 

 

Isaías 56:5

Les concederé ver grabado su nombre
 dentro de mi templo y de mi ciudad;
 ¡eso les será mejor que tener hijos e hijas!
También les daré un nombre eterno
 que jamás será borrado.

 

Salmo 73:26

¿A quién tengo en el cielo sino a ti?
    

Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.

Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu,
    

pero Dios fortalece mi corazón;
    

él es mi herencia eterna.

 

Firma Aixa de López

3 respuestas a “Mejor que un hijo”

  1. Monica dice:

    Muy hermoso, gracias.

  2. Médelin dice:

    me diste una respuesta directa, porque le decía al Señor que si los hijos son herencia de Él por qué yo era esteril? y que entonces como obtendría mi herencia!!! y ahora lo entiendo ¿qué mejor que me de un nombre eterno y que

  3. Noemi dice:

    Que preciosas palabras pastora que Dios pone en tu corazón para aquellas personas que aún continúan con la cuna vacía. Dios te siga usando para su gloria.

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