Corazón a papel

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Cruces de peluche

IMG_0728por Aixa de López

Me enteré que la manera en que un músculo crece es rompiéndolo. Eso pasa en el ejercicio bien hecho. La fibra se estira al punto de cambiar. Y todo me habla de Él. Me rompe para hacerme fuerte. Vez tras vez.

Y somos un montón de locos si queremos ser hechos fuertes sin querer ser rotos y en querer conocer a Jesús sin pasar por dolor. Queremos un super héroe que no nos pida nada y que nos saque de lo que nos incomoda, dejándonos idénticos. Pero Él nos tiene demasiada misericordia como para dejarnos salirnos con la nuestra y lo que usa para quebrarnos y fortalecernos, es una cruz.

Hecha a la medida. Con amor y con dedicatoria. Una cruz.

Le tenemos miedo a tomar nuestra cruz y a que nuestros niños tomen la suya, porque no vemos la incomparable ganancia. Solo vemos cuánto va a doler, cuánto va a costar y cuánto vamos a sufrir e ignoramos que nos vamos a parar pareciendo al Cristo que decimos amar. Le tenemos miedo a la cruz y por eso lo más popular en Latinoamérica (y el mundo) es una enseñanza adecuada a los ojos naturales que no han sido iluminados, que no exige morir, porque vemos a la cruz unicamente como un instrumento de tortura… es decir, la vemos como el mundo la ve. Nos aterra un Dios que no se parezca nada a los papás de ahora, que prefieren no atravesar a los niños por ninguna incomodidad ni consecuencia, sin trechos de aburrimiento o desesperación. El mundo quiere criar a sus niños en burbujas de cristal rosadas, y la iglesia quiere criar a sus niños dándoles cruces de peluche. Pero de ninguna de las dos formas se moldean discípulos, sino clientes.

Yo permito y hasta planeo, momentos dolorosos para salvar a mis hijos de ellos mismos, y si yo, siendo mala, sé dar eso… ¡Cuánto más el Padre celestial!

Y es una fortuna que Dios no sea una versión gigante de nosotros mismos. Dios sabe mas y piensa absolutamente diferente.

El día que el universo cambió de rumbo y se rompió la eternidad en dos, el Gólgota exhibío varias cruces, y el mundo no supo distinguir la que siendo diseñada para matar, traía vida. El diablo pensó que si mataba al Hijo, ganaba. Pero jamás alcanzó a pensar que lo haría indestructible y que haría posible lo mismo para los que creyéramos. No supo ver porque a menos que Dios mande luz, lo que vemos es lo que el mundo ve: tortura, dolor, pérdida.

Cuando el Señor escoge una enfermedad, una muerte, un silencio… el mundo ve fracaso, pero si lo hemos empezado a conocer, sabemos interpretarlo diferente…»Esto debe ser bueno. Tiene que ser bueno. Él me da lo necesario. Él me ama y está a cargo. Al final va a tener sentido, cuando lo vea cara a cara, voy a saber que esto es necesario. Ya viene el día cuando Él secará mis lágrimas. Esto habrá valido la pena… nada se compara a Cristo…»

Y soportamos mientras adoramos… nos duele y lloramos pero no nos devasta. Nos acerca, nos endulza y nos hace añorar la casa.

Dios nos llama a la cruz, y nos entrega una con nuestro nombre, porque nos ama. Sólo los que conocen el final feliz de conocer a Cristo, la ven como instrumento de refinamiento y santificación, de vida y paz, de eternidad y raíces en la Nueva Tierra. Sin cruz, somos todo menos cristianos.

 

«Como les he dicho a menudo, y ahora lo repito hasta con lágrimas, muchos se comportan como enemigos de la cruz de Cristo. Su destino es la destrucción, adoran al dios de sus propios deseos y se enorgullecen de lo que es su vergüenza. Sólo piensan en lo terrenal. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo.»

Filipenses 3:18-20

 

 

Firma Aixa de López

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