Corazón a papel

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¡Gracias a Dios! (…en serio)

 

Hace unos meses completé una misión que no había experimentado, no sola. Se trataba de ir a visitar a una bebé prematura, a quien luego de muchas complicaciones, habían desahuciado. La llamada, la hizo su abuelita, apelando a mi lado maternal. Apeló al lado correcto. No dudé en ir.

Fuí. La ví. Respiré. Se miraba tan delicada que no quise más que rozar su frente.Y si, ese lado maternal al cual apelaron me arrastró a una oración apasionada, suplicante y llorosa, al lado de su cunita.
Ni tengo que contar lo que pedí. Seguro que porai de la tercera línea leída, nos unimos en la misma petición.

Saliendo del intensivo, la abuelita me confesó algo: “Yo sé que debo dar gracias a Dios en todo… pero me está costando”… suspiro de escribirlo… ¿cómo no? ¿cómo?… en medio de la impotencia que uno llega a tener, sabiendo que la visita puede o no traer alivio, puedo decir que este intercambio a la salida, hizo que todo el rato valiera la pena. Porque le di una manera, un modo de dar gracias en medio de esta pesadilla. Es que tan seguido predican “tenga un corazón agradecido… venga con gratitud… diga gracias en medio del problema!” pero digo, sin temor a equivocarme, que la audiencia, en un porcentaje alto (y anónimo) asiente y ni lo siente! Creo que muchos están allí abajo pensando: “si pues… como no es el/ella!”

Que quede claro esto: agradecerle a Dios no se trata de ser necio y negar la realidad… querer meter la mugre bajo la alfombra. Es más bien reconocer que en medio de un dolor casi insoportable, tenemos ojos para las bondades que siguen existiendo. Siguen existiendo… aunque sean las menos ruidosas o llamativas.

Acá va lo mismo que le dije a esta abuela que quiere hacer la voluntad de su Padre: Siéntese a buscar, con lupa si es necesario, razones reales, actuales y puntuales por las que siente gratitud. Cosas que quizás da por sentado.

Ese día, allí, con ella viéndome, empecé a enumerar bondades de Dios, que miraba solamente de ese rato, sobre la vida de esta familia: su hija era fértil y estaba sana, no tenía que visitar 2 camas de hospital, o peor. Su yerno amaba a su hija, la estaba apoyando y sobre todo, creía que Dios estaba a su lado a pesar de todo. No echaba culpas. Su esposo tenía trabajo que suplía para que ella estuviera al lado de su hija. El doctor, conocía y respetaba la fe que había visto en ellos…

 

Me miró ella, como si le estuviera diciendo algún secreto para ganar la lotería. Creo que en un mes, no había tenido la claridad de mente para fijarse en las bendiciones que la seguían. Le recordé las razones por las que no le cuesta dar gracias, las que son obvias, pero por lo mismo, invisibles y luego de eso, será más fácil el trabajo de dar gracias por lo que para ella, no tiene sentido ( y por lo que su corazón no quiere dar gracias)
El bien y la misericordia nos seguirán todos los días de la vida… es de mirar bien, y dar gracias a Dios. En serio.

 

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Firma Aixa de López

Una respuesta a “¡Gracias a Dios! (…en serio)”

  1. Marielos dice:

    Qué difícil situación. Perder un ser amado es muy doloroso y deja un vacío que solo Dios puede llenar! la felicidad y la esperanza están en que un día nos volveremos a ver junto con el Señor!!

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