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El disfraz

El disfraz

Por Aixa de López

El diablo no es misterioso, nosotros somos haraganes en leer su descripción en la Biblia.

¿Cómo podemos creer que nuestro Buen Padre y Pastor nos pondría en el mismo corral junto a ese lobo sin darnos cómo vencerlo? Es triste ver cuánto se engrandece a ese rebelde derrotado o cuánto se ignora por lo fino que se viste. Como en los días de Moisés, nos impresionan las señales y prodigios sin pesar lo que distingue al siervo de Dios: el carácter de Cristo. El poder del Espíritu, sin excepción, producirá frutos en el carácter porque ha cambiado la naturaleza y la mente.

El carácter es lo que somos cuando sólo Dios nos ve y el que vive delante de Dios, refleja el carácter de Dios. El diablo y sus ayudantes saben mucha biblia y la recitan torcida. Saben textos pero no los comprenden ni aman. No distinguen de Quién se trata y para qué fue revelado. El que odia nuestra alma y a su Creador sabe oírse bien para entrar suave, como el veneno. El oponente de Dios es astuto, jamás aparentará ser el oponente, sino amigo, aliado, bueno… eso es lo que lo hace tan malvado. Me enluta (no tengo otro adjetivo) ver a tanta gente siendo engañada porque no es diligente en pelear por encontrarse con Dios a diario en sus páginas. Me entristece mi propio corazón terco que se conforma con tan poco y le ruego que me de más amor por Su Verdad para no ser engañada ni de mi propio corazón. La Biblia es la voz de Dios pero nuestro corazón natural se rehúsa a oír, prefiere los cuentos que se le antojan.

El maestro del disfraz… no usa trajes que inspiran miedo, sino ternura y confianza. Uno de sus mayores éxitos ha sido hacer creer al mundo que se ve feo, rojo, feroz y macabro, cuando la Biblia no lo presenta así. Pensamos que el lobo va a aparecernos enseñando los colmillos y parando el pelo de su lomo, cuando en realidad viene vestido de oveja mansa y apacible; eso es lo verdaderamente aterrador.

Los que somos de Cristo no solo sabremos distinguir la voz del Buen Pastor, sino discernir al que parece ángel de luz pero es nuestro enemigo.

Por favor, sopórtenme, aunque parezca yo estar un poco loco. Dios ha hecho que yo me preocupe por ustedes. Lo que quiero es que ustedes sean siempre fieles a Cristo, es decir, que sean como una novia ya comprometida para casarse, que le es fiel a su novio y se mantiene pura para él. Pero tengo miedo de que les pase lo mismo que a Eva, que fue engañada por la astuta serpiente. También ustedes pueden ser engañados y dejar de pensar con sinceridad y pureza acerca de Cristo. Y es que ustedes aceptan con gusto a todo el que viene y les habla de un Jesús distinto del que nosotros les hemos anunciado. Aceptan un espíritu diferente del Espíritu Santo que recibieron, y un mensaje distinto del que aceptaron… [falsos profetas] andan engañando a la gente diciendo que son apóstoles de Cristo y que sirven a Dios igual que nosotros. Lo cual no es extraño. ¡Hasta Satanás se disfraza de ángel de luz, y también sus ayudantes se disfrazan de gente que hace el bien! Pero al final recibirán el castigo que merecen por sus malas acciones.”

‭‭2 Corintios‬ ‭11:1-4, 12-15‬ ‭TLA‬‬

*Fotos: Aixa de López y Unsplash


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Ritmo de guerra

Ritmo de guerra

Por Aixa de López

 

Es lunes ¿Cómo llegaron ayer a la congregación? ¿Qué pasa usualmente en el Día del Señor? ¿Cómo salimos de la casa? 

Soy mamá de 4 y esposa de pastor. Mis domingos pueden ser bien locos… y llegue a darme cuenta de algo que creo que no se limita a mamás o a esposas de pastor, y por eso lo comparto y quienes me leen usualmente, ya saben que yo soy sobria en cuanto a usar términos como “guerra espiritual” o mencionar a Satanás. Así que aquí les va: 

Muy a menudo permitimos que el diablo manosee nuestras vidas, descuidando las pequeñas pero sagradas rutinas que son fáciles de subestimar, como por ejemplo las mañanas de domingo. Sin un plan de acción, es increíblemente fácil perder de vista para qué nos levantamos ese día. Si no pensamos en lo que mi esposo llama “la ruta crítica” allí se nos mete zancadilla el enemigo de nuestra alma. ¿Cómo? Sin dedicarle 5 minutos a asignar tareas a cada hijo para la mañana siguiente, pensar qué me voy a poner y contar el tiempo necesario en ir por la abuelita… los niños amanecen con amnesia, no hay desayuno hecho ni mesa puesta, entonces empiezan las discusiones, acusaciones y tensión… (mis hijos ya están en edad de hacer desayuno, lavar, etc etc) y nos desenfocamos. Esto es el objetivo del diablo: poner nuestros ojos en nosotros mismos y nuestros placeres inmediatos, para que nos olvidemos de nuestro Precioso Salvador y Su trabajo terminado en la cruz y somos TAN débiles y torpes, que ¡un par de horas antes de tener que salir por la puerta bastan para lograrlo!

¿Cómo es guerra espiritual mi plan de domingo en la mañana? ¡Cerrando los agujeros por donde se mete la discordia! Cuando cada integrante sabe su papel, ejercita su obediencia, su servicio amoroso a su familia, se siente importante y amado. Y yo no tengo porqué pretender ser la única capaz, mi trabajo es instruir, y el domingo puede ser aún más especial. Es otro tipo de discipulado. 

No todas las mañanas corren tan suavemente, pero  he aprendido a valorar muchísimo el poder de los ritmos dentro de la casa. Veo cómo Dios nos aporta temporadas, ciclos, días, todo regularmente, vez tras vez. Para que en medio de ese correr lo conozcamos. 

Si podemos salir de la casa más contentos por haber practicado mil pequeños actos de obediencia y bondad en el contexto de la casa, les aseguro que el corazón ya llega más dócil a recibir la Palabra, a dar adoración y a amar a los demás prójimos. 

Es lunes. Nos queda una semana para trazar un nuevo plan de guerra, que comienza pensando quien pondrá la mesa.


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Desiertos y Jardines

Desiertos y Jardines

Por Aixa de López

 

LA BÚSQUEDA EN GOOGLE: «Flores acuarela colores pastel». Así amaneció mi día ese 8 de marzo de 2017. Ella cumple quince años en noviembre. Empecé los preparativos y mi mente se llenó de ella, un arcoíris de colores suaves y sus flores de acuarela… mi mente se llenó de ella…

Imagen Pinterest

El asombro de abrir el sobre de papel que decía «positivo», la alegría de sentir sus primeros movimientos dentro de mí mientras estaba sentada en esa banca de la iglesia, la primera vez que lavé su ropita pequeña decorada con osos y moños, la primera noche en que fuimos tres y la arrullamos inseguros y admirados. Llamarla por su nombre mirándola a la cara… Ana Isabel. Años de experimentos y arte, de historias a la hora de dormir, de preguntas brillantes y afirmaciones sabias… de berrinches y lecciones… su cara lozana y su mochila ordenada. Quince años de reto y maravilla.

Mientras yo preparaba la invitación para celebrar su vida, no sabía que, simultáneamente, un fuego que había empezado
 en corazones áridos de amor se esparcía hacia fuera por la desesperación.

Cuando las lágrimas dejan de ser atendidas, se vuelven desiertos desolados que queman por dentro. Fuimos diseñados para nacer frágiles y depender de alguien más fuerte y sabio, y se nos entrega sin palabras, pero con necesidades. Se nos entrega con frío para ser arropados; con hambre, para obligar el contacto; con debilidad en el cuello, los brazos y las piernas, para ser sostenidos. Se nos entrega pequeños para ser protegidos. Nos volvemos humanos en la coreografía lenta y torpe de ser familia… un bebé sin el recurso de un adulto seguro que traduzca su llanto empieza a creer que debe salvarse solo. Sus lágrimas se secan y transforman en desiertos los que debían ser jardines y sus corazones, en caparazones duros para esconderse.

Foto Unsplash

Mientras mi mente se llenaba de colores pastel, esa bodega se llenaba de fuego.

Sus gritos empezaron mucho tiempo antes, aunque parecía rebeldía. Sus gritos que rogaban amor parecían desafío. Una vida que llega sin ser querida resulta ser un río salvaje que, sin ser encauzado, arrasa todo aquello para lo cual llegó a ser. Los gritos y las lágrimas evaporadas por el desierto interno de las niñas salían en forma de insultos y amenazas, en forma de desobediencia. No sabían cómo más pedir auxilio. Y los cuidadores no sabían hablar su idioma ni conocían el idioma de Dios.

Mi corazón se inundó de humo. Y mi teléfono, de mensajes.

Foto internet

Esa mañana, murieron 19 niñas adolescentes que estaban internadas junto a otros más de 700 niños, en un centro de protección del gobierno.
 Sus cuerpos habían sido moldeados en los vientres de mujeres como yo, por el mismo Dios que hizo a mi primogénita. Ninguna le era desconocida, «cuando en lo
 más recóndito era [formada], cuando en lo más profundo de 
la tierra era [entretejida]» (Salmo 139:15). Ninguna era algo menos que una creación admirable… y sospecho que no se enteraron… esas son noticias que alguien más grande debe anunciarnos vez tras vez hasta que lo creemos. Alguien tiene que decirlo con las palabras, con la mirada, con el toque seguro. Alguien más fuerte y capaz, a quien miramos al levantar la cabeza, debe interrumpir la mentira programada desde la caída para anunciarnos la verdad de que somos deseados y valiosos porque Él nos hizo y porque Él es bueno, porque en amor nos predestinó al ser adoptados. Alguien debe interrumpirnos… con gotas de agua.

Pintar en el desierto.

Pero el mundo insiste en estampar los corazones más vulnerables con la mentira. Y nuestra inclinación natural 
lo facilita. Esas niñas vivían en una constante lucha por probar que eran dignas, porque no habían descansado 
en conocer que ya todo había sido consumado, y pararon viviendo en el Sahara… en realidad, somos jardines con sed de amor incondicional y de una guía firme y decidida, pero ellas estaban tan áridas y llenas de un calor tan abrasador, tan insoportable, que comenzó un fuego que no pudo ser contenido. Un incendio salvaje en manos de guardabosques no calificados.

La tendencia natural del hombre ante los llantos que se transformaron en rebeldía es responder con fuerza y castigo. Pero la tendencia natural no sabe que lo que una relación rompió, debe ser sanado con otra relación, y las relaciones requieren tiempo y voluntad. Y las relaciones suponen riesgo. El corazón que se volvió desierto no puede ser reverdecido con reglas y castigos; debe visitarse pacientemente, con semillas pequeñas y gotas constantes de intentos de conexión. Porque allí está la solución.

La magnitud de la tragedia hizo visible el tamaño de
 la necesidad interior e hizo evidente lo que la Biblia 
proclama de pasta a pasta: buscamos ser de Alguien. Y jamás descansaremos hasta saber que ese Alguien nos quiso antes
de que nosotros lo supiéramos; que la relación no la iniciamos nosotros y, por ende, no la sostenemos nosotros. El máximo anhelo solo será satisfecho en Jesús y el descanso radica en que no tenemos nada que probar. Él ya peleó por nosotros en un desierto. Pasó hambre y sed, calor y soledad… y venció con la Palabra, confiando perfectamente. Venció en un desierto para poder atravesar el nuestro y traernos al jardín.

Yo puedo soñar y planear una fiesta para mi hija, porque guardo su historia. Ella y yo nos pertenecemos. Celebrar su 
vida es celebrar que la hemos caminado juntos y que nuestro destino no es incierto; que lo que traiga la vida no sorprenderá
 a Dios y que, por bueno que sea, no es nuestra máxima alegría. Sostuve a mi hija en mis brazos cuando tenía tres días de
 nacida y le dije que no sabía quién se iría primero, pero que yo estaba segura que Dios nos tendría en Su mano a todos; que
 yo no podía garantizarle lo que pasaría, pero que le garantizaba que Él jamás la iba a dejar. La enfermera que merodeaba cerca de nosotras seguramente pensó que algo andaba mal conmigo… pero yo debía decirlo en voz alta. Mis miedos no podían 
quedar sin ser entregados y este viaje de ser madre e hija no
era orquestado por mí, y necesitaba mantenerlo a la vista. Pero no todas tenemos ojos para verlo. No todas reciben la noticia
 de un embarazo en medio de alegría, no todas están sentadas en la banca de la iglesia cuando sienten el primer movimiento, no todas lavan con ilusión la ropita pequeña… porque no hay ilusión ni ropita. No todas saben que hay Alguien a quién 
correr para soltar sus miedos. Hay quienes operan a partir del miedo, y no conocen otra cosa. Hay mamás que fueron niñas del desierto, que apagaron sus lágrimas y que, cuando menos sintieron, se encontraron caminando acompañadas de alguien más pequeño, que las necesitaba… y no supieron cómo 
hacer florecer un jardín porque no habían conocido ninguno… ¿Cómo puede un ciego pintar una flor con acuarela?

Pocos días después del incendio, las 19 se volvieron 40. Y nos quedamos pasmados. Y nos llenamos de preguntas. Dios también vio. Y tiene todas las respuestas… pero Dios no ve un número; Él las conoció y tenía contabilizados los cabellos de cada una de sus cabezas. Pronunciaba sus nombres, identificaba sus suspiros y contaba sus lágrimas. Su juicio siempre es justo. Él nunca llega tarde, pero Su mente no es nuestra mente y Sus caminos son misteriosos.

El portón que las separaba del mundo exterior se abrió 
de repente. Los jardines, hechos desierto. Los terrenos destinados a dar frutos, pisoteados y devastados. El mundo por fin vio lo que Dios ya sabía y a lo cual llama. La emergencia trajo luces y cámaras a lo que antes convenía dejar escondido. Niños por los cuales pocos sueñan y planean.

Qué cosa tan dura, ver a los débiles sufrir en un sistema tan desprovisto de lluvia… de gente adulta que haga una pausa y pregunte: ¿Cómo se irriga un corazón hecho desierto? ¿Cómo se construye un puente hacia un corazón cercado? No nos interesa… queremos la belleza del jardín sin el precio de regarlo. Preferimos las flores plásticas de los ratos superficiales que se pueden presumir en Facebook y nos deleita entretener la idea de que, con unos dulces, sanamos la amargura de vivir en las sombras. Nos vamos sin meditar en lo que queda cuando ese portón se cierra. Nos asusta quedarnos. Pensamos que eso es un llamado para unos pocos. Sin embargo, los cristianos normales hacen cosas difíciles. Son inseparables el discípulo y la tarea imposible. Son inseparables el seguidor de Jesús y los desiertos. No se puede ser iglesia sin conocer a su Dios en los lugares difíciles.

El noviazgo de Cristo y la Iglesia no se desarrolla ni fortalece principalmente en un restaurante rodeado de jardines, sino en un campo de batalla en medio del desierto; allí medimos nuestro límite y vemos Su fuerza salvadora. Allí nos enamora y nos asombra, allí nos revela Su grandeza y nos fortalece precisamente por nuestra debilidad. Pero nos cuesta comprender que nos llama a estas batallas justamente para traernos a una relación con Él, para darse a conocer y para llevarnos a nuestro límite y aumentar nuestra dependencia 
en Él. ¿Cuánto se rompió dentro nuestro? Este llamado a reverdecer desiertos es realmente una invitación a ser sanados, al entrelazar nuestros dedos con los Suyos. Una relación nos trajo al desierto; otra relación nos llevará al jardín.

Foto Unsplash

Mi niña cumple quince y podría haber estado en ese mismo incendio salvaje; pude haber sido yo la que golpeaba el portón de esa casa hogar. Pero alguien se acercó a tiempo con semillas de vida y gotas de agua. Alguien interrumpió la mentira que traía programada. Tengo la promesa de un jardín en medio de este campo de batalla, porque la fe vino por el oír Su Palabra. Puedo pintar flores de acuarela porque las veo por la ventana de esas páginas. Hay esperanza. Los ojos de mi corazón lo ven… y el humo se escapa.

 

Este escrito es un extracto del libro Lágrimas Valientes: esperanza viva en un mundo pasajero el 100% las ganancias generadas serán donadas a Vidas Plenas.


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Soldados que arrullan

Soldados que arrullan

Por Aixa de López

Hay dos niños pequeños que ya no viven en el limbo. Su situación es aún menos que ideal, pero están envueltos en amor. Deben ir a audiencias y ser visitados por trabajadores sociales, pero están seguros. Hay quien dobla rodillas cada noche, de lejos y de cerca. Dios es evidente porque alguien de los suyos, dijo sí.

La otra noche Noemi rebosaba de alegría porque la bebé de poco más de un año le dio a entender que quería terminar su día orando. Juntó las manos de mi amiga entre las suyas, y las cerró mientras inclinaba su cabeza. A escasas 3 semanas de su llegada a este oasis que se llama familia, donde la rutina incluye hablarle a Dios, y hay pequeñas evidencias de que Su Reino está estableciéndose en la tierra. Una pequeña vida que a los ojos del mundo no vale mucho, que es una cifra más, realmente vale la Sangre del mismo Hijo que juntó sus propias manos para orar tantas veces mientras sufría como uno de nosotros. Él la tiene segura y hoy usa las manos de Noemí para calmarla. Porque ella dijo sí cuando Él llamó y así se convirtió en una oración contestada.

No son muchos los que se apuntan a la primera fila de batalla. Esta puerta es realmente estrecha. Pero Dios ha oído nuestro clamor y ¡está despertando a la iglesia en Latinoamérica! y más que nuestro clamor, escucha y traduce los llantos de niños que viven en el limbo. Él no hace oídos sordos; parece tardar pero está en marcha y nos está llamando, porque su carácter es darse por el que es completamente incapaz de pagarle de vuelta. Este Dios es el que se pronuncia a favor del débil, pequeño y despreciado a un costo personal inconcebible. Este es el Cristo que salvó muriendo.

Esto es el acogimiento temporal (en inglés conocido como Foster Care) y se necesitan soldados dispuestos a morir en batalla. Morir a sí mismos. A su comodidad. A su agenda. A su deseo de usar su vida para satisfacer deseos egoístas. Soldados que levanten la bandera del amor y que un arrullo a la vez le digan al mundo que la vida vale porque es de Dios y que cada Niño es su imagen, que están dispuestos a gastarse para la gloria de Dios, ejerciendo ministerios privados, sacrificiales, sencillos y de muchísimo valor a los ojos del Señor. Que estén en disposición de amar profundamente para eventualmente soltar. De darse e invertirse, solamente con la garantía de que si Dios llamó, Dios sostendrá y Dios premiará. Aún si el mundo entero no comprende.

Acoger a un niño es empeñarse en ser un vaso que derrame el Agua Viva sobre tierra seca. Es amar para soltar. Es ver de cerca la injusticia y entregar las lágrimas al Único capaz de restaurar todas las cosas, y confiar. Es amar como fuimos amados… cuando menos lo merecíamos. Es amar al niño y a su familia de origen.

Y no todos son llamados a sostener esas manitas antes de dormir para orar, pero todos los que han sido sostenidos por Su gracia son llamados a sostenerse unos a otros. No todos son llamados a acoger o adoptar, pero todos fuimos comandados a soportar las cargas los unos de los otros y cumplir así la ley de Cristo… así que mientras Noemí sostiene a esa pequeña y le enseña a orar, alguien más los sostiene a todos en oración y comparte con ellos lo que Dios les da, porque hoy Gaby ¡también dijo que sí!… y ayudó a Noemí y su familia, aún sin conocerlos. Así funciona este Reino… Noemi dijo que sí a recibir a esos pequeños y Gaby dijo que sí, al proveer para cubrir lo que faltaba.

Todos somos parte de Su plan para construir un puente en el abismo que mantiene a tantos niños en el limbo. Somos la respuesta a las oraciones de alguien más… somos soldados en este ejército del Dios que murió para dar vida, y nuestra bandera es el amor.

“¡Defiendan a los pobres y a los huérfanos! ¡Hagan justicia a los afligidos y a los menesterosos!”

Salmos‬ ‭82:3‬ ‭‬‬

 

Para más información acerca de ser familia de acogimiento temporal o de cómo apoyar a las familias que ya han dado este paso de obediencia y fe info@ach.gt

O visiten la página de Facebook Alianza Cristiana para los Huérfanos

Foto por Unsplash


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Oración de Año Nuevo

Oración de Año Nuevo

Por Aixa de López

El calendario cambió y Tu sigues igual ¡Alivio de mi vida! ¡Bendito seas!
El mismo Tú desde la eternidad, determinado en salvar, dispuesto a morir y disponible para nosotros: criaturas ciegas y orgullosas.

Se siente como un nuevo comienzo Señor, porque eres paciente y tu plan es proveer ciclos, estaciones y ritmos que nos traigan a la orilla de la playa vez tras vez, aún si mar adentro hubo turbulencia y tormenta o un día demasiado feliz como para querer volver, termina el ciclo para que pausemos y midamos y tengamos puntos de referencia para confirmar que seguimos en necesidad de Ti.

Y veo para atrás y te veo… como mi papá cuando me enseñó a montar bicicleta, sonriente y feliz de verme andar. Y veo al frente y te veo… cuidando el camino, alumbrando y diciéndome por dónde de ir. Y veo a mi lado… y te veo. Emmanuel, Dios conmigo, sin soltarme.

Y aquí estoy en la playa otra vez, haciendo pausa y buscándote con desesperación ¡dime por dónde ir! Que mis decisiones no sean estrategias de negocio, sino obediencia pura. Que mi única manera de medir el éxito sea serte fiel. No egoísmo disfrazado de piedad, obediencia pura. No temor a nadie más que a Ti, obediencia pura. Alúmbrame con la luz de tu Palabra para distinguir bien cuál puerta estrecha atravesar. ¿Cuál es el camino que me hará pegarme más a ti y conocerte como hace un año no te conocí? Recuérdame Salvador, que mi destino eres Tú y que mi final es feliz, necesito tu ayuda para olvidarme de mí… mi carne pelea… no quiere pausar en la playa, quiere irse en bicicleta viendo a la nada… quiere irse sin ver. ¡Muéstrate a mi Señor! ¡Emmanuel! ¡Dame luz! Sé Tu mi puerta, camino y meta.

“Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza. Señálame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma… Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Que tu buen Espíritu me guíe por un terreno sin obstáculos.” Salmo‬ ‭143:8-10

Fotos por Aixa de López. Cesárea marítima, Israel.


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Montaña Rusa 10: Quince segundos

Montaña Rusa 10: Quince segundos

Por Aixa de López

 

Arte en la parada de buses escolares del kibbutz en la frontera con Gaza.

Conocí a Chen (pronunciado Gen en hebreo) un jueves y no he dejado de pensar en ella un sólo día. Su normalidad es una pesadilla y su resiliencia, una inspiración.

Nos recibió a la orilla de la carretera, detrás de una parada de bus que parecía normal, a la par de un campo y después de presentarse, inmediatamente nos explicó lo que debíamos hacer en caso sonara la alarma: correr al lado de un muro fortificado en la parada.

En Sderot nunca se está a más de 15 segundos de un refugio. Es el tiempo que tienen antes de que un misil caiga desde Gaza o sea interceptado por un “iron dome” israelí.

Quince. Segundos. Traten de lograr algo en esa cantidad de tiempo.

Refugio en forma de gusano en parque infantil de Sderot.

Y la vida parece normal. Entramos al kibbutz y se veían niños jugando en el jardín de la guardería… pero mis ojos y mi corazón no ven bien a menos que me ponga los lentes de alguien como Chen. Ella nos narró de cómo cambió la vida cuando los hicieron enemigos, a los vecinos de Gaza y a ellos, de cómo tuvieron que enseñarle a los niños a correr por sus vidas… niños que sufren de SSPT… no es Síndrome de Stress Post Traumático… no puede ser post, porque el terror no ha pasado, aún no da tiempo de reponerse. Aquí es P de Perpetuo. Trauma perpetuo.

Restos de misiles recogidos en Sderot y sus vecindades, exhibidos en la estación de policías.

El hijo de Chen y los demás adolescentes aquí, han tenido que correr a refugiarse un promedio de 650 veces durante su vida. “En un día normal los oyes jugando y riendo y cuando suena una alarma y huyen al refugio, suena el estallido, hay silencio por unos 10 minutos y luego salen del refugio siendo otros niños”… aún si el misil no aterriza sobre ellos, el alma se perfora una alerta a la vez, porque significa que hay tanto odio en alguien del otro lado, que está dispuesto a construir algo que aterrice para destruirte. El ruido ensordecedor no se compara al terror que paraliza cuando el corazón comprende que podrían ser los últimos 15 segundos de su vida.

Chen mostrándonos el juego que utilizan en terapias con los niños.

Así como el sentimiento de terror, la terapia es pan diario aquí. Hay juegos de mesa que permiten iniciar una conversación no amenazante con los niños… porque necesitan ser escuchados. Y las mamás… las mamás son un espejo duro de mirar. Una hermana de Chen es mamá de 3 y cuando dos estaban de edad preescolar y el pequeño era un bebé de 8 meses, los sacó al parque a columpiarse y estando allí, comenzó la alerta roja. Tuvo 15 segundos para escoger a quienes 2 cargar para correr al refugio. Vivir con ese peso también la lleva a terapia cada semana.

Mi hija sosteniendo restos de hierro afilado que contienen los misiles. Esto cayó en el kibbutz matando a un amigo de Chen.

Yo sólo he corrido por mi vida en mis pesadillas. Ellos viven en lo que yo olvido durante el día. Eventualmente se acaban los lugares a los cuales correr y deseamos el hogar. Estoy segura que no fui la única en preguntarse ¿porque no simplemente se van? Aún los que han vivido afuera con amigos por un tiempo, se cansan de ser huéspedes, y como Chen, regresan. La gran mayoría sigue allí… simplemente, porque ese es su hogar y allí adentro aún vive la esperanza, aún si agachada en el refugio.

Mural elaborado por los niños del kibbutz.

Orar por La Paz del Medio Oriente ahora es otra cosa para mi… Es jueves, tengo a Chen en mi mente y la risa de esa clase de alumnos de 2 años que jugaba en el patio, en mi corazón. Hay mucho que no sé, y mucho más que no comprendo. Lo que ya logré identificar es una carga que llevo. Estoy oyendo a mi hijo practicar su instrumento musical y a mis niñas jugando en la calle. Ya no tomo por sentado que pueden seguir siendo niños, sin correr a refugios ni luchar con el odio que sube con efervescencia con cada alerta roja que les da aviso de quince segundos.

Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración… Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran.” Romanos‬ ‭12:12, 15‬ ‭


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Montaña Rusa 9: visitas

Montaña Rusa 9: visitas

Por Aixa de López

Ser turista es bonito pero ser visita es superior. Hemos pasado a la sala, al comedor, a la cocina. Familia partiendo el pan y de visita en casa de gente que Dios amaba antes que supiéramos que existían. Imago Dei.

Esto ha marcado el viaje, ver a los ojos y conversar con gente que yo solo veía en la tele o en las redes, a través de un lente angosto.

Verlos frente a frente.

Creyentes perseguidos, judíos con heridas de persecución en el alma, soldados y ex-soldados, mamás… ciudadanos de Israel que nos abrieron –literalmente– su casa.

Estar hace un día en la frontera con Siria y escuchar las bombas caer del otro lado es algo que no se olvida. Lo que pasa es que no fuimos hechos para acostumbrarnos al terror, y sin embargo… también escuchamos a un joven creyente palestino que dice no recordar un solo día en paz. Oírlo es otro tipo de bomba que tampoco se olvida.

El hospital que visitamos ayer, contrasta completamente con las ruinas del día anterior.
Allí admiten a los sirios que logren cruzar la frontera en busca de atención médica. Como la abuela que llegó con dos de sus nietos. Unos primitos de 8 y 6 años. (Cabe decir que aquí se llega a oscuras, a pie o en burro y en silencio aunque el dolor exija gritos). No me imagino la odisea que habrá pasado esa abuela.

Vimos fotos de varios pacientes en recuperación, entre ellos los primos. Ambos perdieron extremidades y recibieron prótesis. No distinguí si sonreían porque sus caras fueron escondidas. Pero vi la sonrisa de Dios. En medio del terror se ve.

Entramos a una habitación y había cuatro camas en fila. Cada una contiene un mundo entero. Un mundo roto. Uno que Dios mismo conoce y ama.

El trabajador social tradujo y nos pudimos entender… aunque aún si él no hubiera estado, sus expresiones y su piel hablaban solos.
Dos civiles y dos militantes. Dos con piel blanca y dos con las marcas de la guerra… los cuarto heridos del cuerpo y necesitando al mismo Salvador. Marcas de mucho sol, mucha pólvora y mucho tratar de aferrarse a una esperanza que no esta donde ellos esperan.

Literalmente percudidos. El guía me dijo que toma tiempo, que la piel se debe regenerar. Parecían sucios, pero están literalmente percudidos. Desearía tener una foto… pero a veces es un regalo eso de “prohibido”, sea en la mesa del Shabbat o la sala de hospital, porque entonces se hace el esfuerzo de capturar el recuerdo con la mente y el corazón y esa queda mejor definida.

Más visita y menos turista. Más amor y menos espectador.

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Montaña Rusa 8: Un nombre

Montaña Rusa 8: Un nombre

Por Aixa de López

 

 “6 millones” suena enorme, abstracto, distante, ajeno. ¿Cuánto es eso? 4 veces más personas que las que habitan actualmente la capital de Guatemala, mi ciudad.

6 millones de judíos exterminados sistemáticamente durante el holocausto liderado por Adolfo Hitler entre 1941 y 1947. Es demasiado atroz y horripilante para considerar… pero hoy… toda la mañana atravesamos pasillos diseñados para volver ese número en algo profundamente personal por lo cual llorar. Metro a metro, foto a foto, historia tras historia, nombre tras nombre…

Nombre tras nombre. Rostro tras rostro. De oficiales que ejecutaron planes diabólicos, de las víctimas que fueron ejecutadas y de los que fueron testigos sin decir nada mientras presenciaban las ejecuciones.

Y todos son espejos. Debemos vernos en esos rostros. Nunca podemos perder de vista que estamos hechos de la misma tierra con la que fue hecho Adán y su caída es la razón por la que todos nacimos huyendo de Dios y haciendo nuestra voluntad.

Este y todos los genocidios comparten la deshumanización de sus víctimas. Los vuelven caricaturas sin valor de las cuales es mejor alejarse, gente tan diferente al ideal, que no cuentan. Tan despreciables, que más vale más una bala que una vida (ponían a la gente en filas de 4, uno tras otro, para matarlos con una sola bala… porque las balas cuestan dinero).

Gente brillante: maestros, médicos, ingenieros, deportistas, fueron despojados sus títulos, carreras, propiedades… pero más trágicamente: de sus vínculos, relaciones, identidades… sus nombres.

Uniformados y rapados. Sin nombres, simples números. Sin funerales para recordarlos, ni tumbas para regresar a mostrar respeto. Fosas comunes.

Todos somos capaces de apalear nuestra conciencia al punto de dejarla en coma y es necesario vernos en los espejos de la historia para llorar ese potencial para el mal, arrepentirnos y abrazar la reconciliación ofrecida en Cristo, un Cristo cercano, que llama a sus ovejas por nombre, a sus niños uno a uno.

¿Cómo termina la exhibición? Después del zigzag donde se encoge el estómago y se estira el corazón, una sala final archiva unos 4.5 millones de nombres y hay estantes vacíos, esperando irse llenando, porque aún faltan 1.5 millones de nombres y rostros. Eso vale cada vida. Eso pesa cada nombre.

Y uno sale a la luz… ve la promesa del cielo y camina por un jardín hacia un espacio dedicado a los niños aniquilados durante esta pesadilla… más de un millón; es completamente oscuro y con el juego de la Luz y espejos, 5 velas se vuelven en millones, representando cada vida que fue apagada, y mientras uno camina, oye clara y pausadamente los nombres de las víctimas y sus edades. Eso vale cada uno.

De 6 millones sin rostro a oír nombre por nombre.

No hay fosas comunes en el cielo. Él nos llama por nuestro nombre.

Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: «No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío.”
‭‭Isaías‬ ‭43:1‬ ‭

PD: si tienen la dicha de venir a Israel, venir al museo Yad Vashem no es negociable. Aparten todo un día.

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