Su tumba y las nuestras

Y después de un día entero de total silencio, en el que parecía que perdimos, nuestro Mesías prometido deja los vendajes en su lugar y sale por nosotros. La gloria de Su Padre restaurada y Su ira satisfecha, el Cordero sale de la tumba a dejar evidencias. ¡Esto jamás se trató del aquí y el ahora! La conquista fue acerca del pecado evidente y el oculto, del obvio y el sutil, es acerca de caminar derecho sin usar nuestras muletas, ¡es acerca de conocerlo como desea ser conocido!.

Ser obediente hasta la muerte -y muerte de humillación y tortura- para saldar la cuenta que no era suya, lo condujo al lugar de honor, cuya corona es un pueblo hecho hermoso por ese mismo sacrificio. Sin la resurrección, era un buen maestro, un buen amigo, un humano extraordinario. Con la resurrección, es el Dios creador del cielo y la tierra, dueño del tiempo y de la historia… Soberano, imparable, inamovible, eterno. Su tumba no fue el fin y las nuestras tampoco lo serán.

“Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera solo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales…

…Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria». «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?»” –1 Corintios 15:19, 54-55

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