Oración por los que comienzan el año con corazón roto

Por Aixa de López

Amado Señor:

Eres como ninguno y no hay palabras que hagan justicia al tamaño del agradecimiento que sale de mi corazón… aunque aún es mezquino y oscuro, te tiene y con eso hay para dar pelea y decirte que te amo y pedirte por quienes comienzan el año con corazones que parecen incapaces de latir más.

La invitación de venir a ti al reconocer que estamos cargados y cansados, es una que no podríamos rechazar en un millón de años… porque te hiciste como uno de nosotros y no eres incapaz de compadecerte de nuestra humanidad. ¡Qué asombroso! ¡no debemos convencerte o presentar nuestro caso! ¡Tú conoces toda la verdad de adentro para afuera! ¡Tu eres LA verdad! Ni llega la palabra a nuestra boca y tu conoces exactamente lo que estamos pensando, sintiendo y necesitando, ¡aún mejor que nosotros mismos! El haber sido sellados con tu propio Espíritu no solo nos garantiza un nuevo nombre y un lugar en tu mesa, sino también un traductor de gemidos y lágrimas en los días en los que orar es un verdadero sacrificio o en los que hay tanto qué decirte que no sale nada. Gracias amado Rey por este nivel de compasión que nos acerca a tu pecho para llorar en paz… Llorar en paz con Quien lo sabe todo, nos ama inimaginablemente y tiene todo el poder que existe en sus propias manos… ¿Tú te arrodillas a nuestro nivel -sin apuros- para abrazarnos? No hay otra garantía de este lado de la historia… y te ruego que estos encuentros contigo nos dejen tranquilos, satisfechos, enraizados. Que confiar plenamente en Quién eres nos transforme en robles estables aún en medio de granizo.

Señor, toma nuestros corazones doloridos con tus preciosas manos. Ellas nos hicieron y saben cómo sanarnos y sostenernos mientras llegamos a la meta. Por favor ¿puedes clavar nuestros ojos en los tuyos? ¿Puedes hacernos enfocar en lo eterno? Nuestros corazones rotos son tan vulnerables al engaño de los remiendos instantáneos… ¡guárdanos! ¡Líbranos! Alívianos con tu evangelio día y noche… cuando el sueño parece nunca llegar o cuando lo único que logramos encontrar debajo de la almohada son pesadillas. Recuérdanos que nuestra situación más terrible y dolorosa era vivir condenados y sin ti y eso fue solventado. Aliéntanos con la promesa del día final, cuando lo que reine por fin será toda la verdad y la calma que proviene de tu perfección. Que nos contemos dichosos porque Tú eres Quien eres por los siglos de los siglos y nos amas, y este corazón roto, junto con el cielo y la tierra, también pasará.

En el precioso nombre de Jesús

Quien vive y reina

Amén

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