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Niños y pollos

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Por Aixa de López

 

No siempre será así. Me obligo a parar y ver. Tomo fotos para recordar ya. Para recordar que esto es precioso y debo ser intencional en enseñarles que valen porque portan la imagen de Su creador y que Él fue intencional en amarlos –y amarme– antes de que pudiéramos hacer algo para ganárnoslo.

Valen por Quien los hizo. Son apreciados y queridos por Ese a Quien reflejan.

No hay otra criatura que haya necesitado ser amado hasta la muerte… el cielo anuncia Sus maravillas, los árboles le cantan en armonía junto al viento, las orugas se transforman perfectamente. Todos haciendo exactamente para lo que fueron creados…. ninguno de ellos necesitó un Amor que fuera a la cruz, porque sólo nosotros nos rebelamos contra el creador como lo hicimos, y al mismo tiempo, ninguna otra criatura fue hecha a Su imagen y semejanza. “Somos peores de lo que pensamos y más amados de lo que alguna vez hayamos soñado”.*

Eso es lo que no entendemos… Satanás ha logrado confundirnos al punto de defender a media calle que un pollo vale lo mismo que uno de mis niños. Lo oí yo misma una noche. Un grupo de chavos platicando afuera de mi ventana… “es lo mismo. ¿No comemos huevos? Es lo mismo. Es un ser vivo…” tuve que salir a buscar a una de mis niñas al área de juegos y pasé a su lado. Ni me dijeron buenas noches, ni dejaron de decirlo con el mismo tono de voz: “abortar es lo mismo”. No pude más. Abracé de medio lado al que hablaba y le dije “dale gracias a Dios que tu mamá no te valora igual que a un pollo… la gran diferencia es que fuiste hecho a la imagen y semejanza del Dios en el que decís creer”.

La gran obra maestra del diablo es alejar nuestros corazones del Creador distrayéndonos con lo los regalos de Su creación. ¡Qué satánica genialidad lograr que los jóvenes lleguen a pensar que los animales y nosotros valemos exactamente igual! Entonces vemos perros con suéteres de marca ser llamados hijos, y jóvenes diciendo a media calle que en caso de embarazo, abortar no será diferente a hacer un omelette.

Si. Mi casa llena de relajo y juguetes, ropa heredada y citas de dentista, alfombras de colores y legos, es a propósito. Paro y veo. Mis niños no nacieron para mi o mi satisfacción (o la de ellos), nacieron para anunciar al Rey del universo que los hizo y que vino frágil, vino Niño. Mis niños y cada pequeño que ha sido concebido, refleja Esa imagen y gran crimen de este siglo es igualarlos a animales. De feria (para ser exhibidos o explotados) o destinados al matadero (porque no hemos entendido a Quién le pertenecen). Dios nos manda niños, por algo será… paremos y veamos.

“Tú creaste mis entrañas;
    me formaste en el vientre de mi madre.
 ¡Te alabo porque soy una creación admirable!
    ¡Tus obras son maravillosas,
    y esto lo sé muy bien!
 Mis huesos no te fueron desconocidos
    cuando en lo más recóndito era yo formado,
cuando en lo más profundo de la tierra
    era yo entretejido.
 Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
    todo estaba ya escrito en tu libro;
todos mis días se estaban diseñando,
    aunque no existía uno solo de ellos.”

Salmo 139:13-16

*Cita de Tim Keller

 



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