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Montaña rusa 4: oro

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Por Aixa de López

Tu sonrisa. Ese árbol en el parque. Las hojas que hacen alfombras accidentales por donde sea. El día completo. Todo parecía bañado en oro hoy.

Viajar es bueno para el alma porque te hace humilde. ¡Más cuando vas sin un guía! Salir a lo desconocido te obliga a ser vulnerable y a descubrir todo lo que no sabes, aunque eso suele ser incómodo y aterrador, como bien lo comprobamos el primer día.

Salir de tu zona cómoda porque Dios manda, siempre será bueno para tu alma porque te hace ver lo que no habías visto y afina tus deleites y tus miedos saludables.

Afina tus deleites porque compruebas que le perteneces a un Dios colosal y de colores, tan inmenso qué hay rincones escondidos en la historia y la geografía que tú apenas estás conociendo y mientras tanto Él siempre ha estado allí. Vas en el subterráneo rodeado de veinte tonos de melanina y al mismo tiempo pasan dos cosas: sabes que el mundo es más grande de lo que pensabas y tu eres mas pequeño de lo que creías. Esto es extremadamente bueno porque compruebas que no eres el centro del universo, y esto produce humildad. Oro puro.

Afina tus miedos saludables porque aprendes a estar alerta a los peligros que son verdad en cualquier lado. Si, puede haber menos basura en las calles, paran el tráfico para los peatones y te detienen la puerta, pero aún en esta postal no hay justo ni aún uno. Es saludable añorar la casa cuando se está en aprietos… es saludable sentir angustia cuando nos alejamos. Todo habla de Él.

Salir y ver el mundo es un regalo que produce humildad en los que somos suyos.

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