Lo que el cielo aplaude

Un momento tras bastidores en La Vía Dolorosa. Siervos administrando talentos, siendo genuinos...
Un momento tras bastidores en La Vía Dolorosa. Siervos administrando talentos, siendo genuinos…

Por Aixa de López

Para todo el elenco de La Vía Dolorosa, especialmente para AI & JM.

 

Se acabó. La pequeña temporada de Teatro de nuestra congregación, vino y se fue. La Vía Dolorosa es de mis cosas favoritas en la vida, desde que la vi la primera vez hace como 15 o 16 años. Es la historia más hermosa del mundo, contada por un equipo que ha crecido hasta 330 personas, de las cuales 95, pisan el escenario.

De esas 95, hay 2 que me han dado el privilegio de vivir el proceso mucho más de cerca. Mis hijos son parte del elenco desde hace 4 años y han tenido la dicha de vivir toda la emoción de estar allí para hacer que esta colosal hazaña suceda (este año la vieron unas 36,000 personas… eso es colosal!) y me fascina verlos allí, me fascina que aprendan la ética del trabajo, me realiza que sepan que son importantes porque forman parte de algo mayor, me brinca el corazón cuando los miro valorando cosas diferentes a calificaciones escolares. Y en medio de toda esta emotividad materna, se prende la lucecita de advertencia como en tablero de carro, que advierte que la cosa no es tan simple, y que hay peligros para su alma.

¿Qué qué? Peligros para su alma… ¿sirviendo en la iglesia local, en una obra que trata de la Pasión de Cristo? ¿Qué disparate es ese?

De disparate nada y de peligro, uno muy real, de hecho.

Para mucha gente, muchísima, el dilema es que pasan la vida pensando que no sirven para nada, que son un accidente o que no poseen ningún talento (lo cual es una mentira)… pero para otro montón, el problema está completamente ¡al otro extremo!… saben que tienen talento, conocen sus fortalezas, las afilan, las usan, y paran olvidando que el punto de todo, es exhibir la bondad del Dios que se los dió.

Descubrir tu talento es una cosa. Ponerlo en uso es otra. Cuidarte de no caer en la mentira de pensar que sos lo máximo es el meollo. Y qué lucha tan difícil para los que fuimos llamados a tocar escenarios. A ratos se vuelve borrosa la línea de los aplausos humanos y los del cielo.

La prueba más grande para un talentoso ocupado, es decir, para alguien que decide ejercitar el regalo que Dios le dio,sirviendo, es sujetar su corazón bajo el peso de saber que sólo le está administrando las monedas al jefe para mantenerse genuino. Es un buen peso a tener sobre nuestro corazón, un peso que nos libera, por contradictorio que parezca… porque el dueño tiene toda la responsabilidad y el que asume la pérdida si algo llega a pasar. El administrador en cambio, cuida, multiplica y entrega cuentas. Y goza dividendos si lo hace bien. Pero jamás se las da de dueño.

Hay gente extremadamente talentosa y extremadamente orgullosa de ese hecho. Y… ese es un problema. Hacen fachadas de perfección. Brillan por un momento y al ratito vienen para abajo porque “antes de la caída viene la altanería”…es un proverbio que no falla. Es tan ley como la de la siembra y la cosecha.

A Dios no le impresiona nada el talento. Ni lo necesita. El premio de Dios es para el fiel. Jamás para el más talentoso, guapo, aplaudido, perfecto o ultra conocido. Jamás. Eso puede o no venir incluído en tu paquete, pero lo elemental es el corazón sujetado bajo ese santo peso de reconocer que tu talento tiene Dueño.

Lo mejor, lo que más amo de este asunto, es que ¡cualquiera puede optar al premio! ¿No te emociona? A mí me vuelve loca de alegría, pensar que el que ha sido dejado mil veces afuera del equipo en el recreo, la que nunca saldría en un anuncio de la tele, los que no tienen para blanquearse los dientes o que cantan más destemplado que el gato de mi mamá en la madrugada, todos, pueden optar al  galardón que el cielo ofrece, si se quedan quietos en ser fieles en lo importante, lo que es invisible, porque se enfocan en que el cielo, no la gente, les aplauda.

Y es que, el cielo no sostiene concursos de belleza con desfiles en traje de baño, ni show de talentos, ni encuestas de popularidad… ¡esas medidas son inútiles allá! ¡Y qué maravilla! Por eso creo que una de las cosas más chileras (buenas) del cielo serán las sorpresas que nos vamos a llevar cuando entreguen galardones impresionantes a gente silenciosamente fiel, como el que nos despachaba la leche o el queso y oraba con urgencia a puerta cerrada, a la señora que hacía el oficio contenta en la oficina y que atendió a su esposo en medio de una enfermedad terminal, o a la abuelita de tu amigo, que le dio de comer para que se graduara de médico, frente a los que tenían su Facebook como un altar a sí mismos y que se auto-premiaban alardeando de lo buenos que eran. Será… MUY. MUY. CHILERO.

Y me llama la atención que la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) cuenta del que enterró su parte por miedo… el miedo es tan incompatible con el uso de tus talentos, como el orgullo. El miedo a usarlos no es humildad. Y el salir a usarlos no es arrogancia. Es saber que si Dios te lo dio es para usarlos porque planea salvar vidas a través de ti. El siervo fiel no pierde esto jamás de vista, porque está consciente de que usar los talentos es divertido y emocionante, pero que sólo sirve si el resultado es vida para alguien más. No se trata de él.

Para oír a Dios decirle a uno, “Bien, buen siervo y fiel”, no se necesita administrar la mayor cantidad de talentos, se necesita administrar bien y sin temor, lo que se nos dio. No todos podemos cantar como Adele, pero todos podemos ser fieles. No todos podemos jugar como Michael Jordan, pero podemos ser fieles. Fiel es el que vive muy contento de contar SUS bendiciones y las usa para dar vida en nombre de su Dueño.

Al final no se trata del talento, se trata de la condición de tu corazón al administrarlo, porque eso transparenta en dónde está Dios en tu vida.

Él sabe que no podemos manejar bien la fama y los aplausos humanos, porque ya ha visto que nos volvemos locos con el dolor que nos causan el rechazo y las burlas (que usualmente forman el ciclo de la popularidad). Sabe que nos dan un levantón tan pasajero que luego nos deja una depresión asquerosa, y sabe lo que le conviene a nuestra alma, y lo que le conviene es depender de algo que no va a pasar ni cambiar jamás. Y ese algo sólo es Él.

 

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6 Replies to “Lo que el cielo aplaude”

  1. No puedo solo leer este blog y no comentar nada! Me encanto! Definitivamente una leccion que todos debemos recordar todo el tiempo! Pero la parte de la premiacion a los fieles silenciosos, hasta me erizo! Dios te sigue usando Aixa, gracias por servirle al Jefe!

  2. Es tan cierto!!! Me quedé en shock! Es tan delgada esa línea que debemos tener mucho cuidado con eso. Me encanta tu ejemplificación con la parábola de los talentos y es de ponerse a pensar detenidamente si estamos usando bien lo que Dios nos ha regalado y si estamos cuidado lo que Dios nos ha encomendado…
    Felicidades te quedó buenísimo!! A compartirlo!!!

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