La mesa y el corazón

Por Aixa de López

Subestimamos demasiado la hospitalidad. Recibir a gente en la casa y poner un lugar (o muchos) extra en la mesa nos debe caracterizar -a los seguidores de Jesús- porque indica que cada persona tiene un nombre y un valor que nos interesa. La gente que Dios nos da… nos la da para que nos demos…

Si. Es más cómodo mantener la distancia y guardar las apariencias, pero es santo sentarnos en la sala, pasar a la mesa y hacer un desastre la cocina… El pueblo de Dios no sana el mundo con tácticas superficiales; se mete al lío de entablar relaciones donde haya cancha para desarrollar un amor que nos haga resilientes, donde haya suficiente tierra para echar raíces.

No se puede ser del pueblo de Dios sin ser familia, y no se puede ser familia sin abrir la casa.

Abramos la casa para abrir el corazón para dar espacio para las risas y las lágrimas. Seamos discípulos del que lavaba pies y preparaba comida…

3 Replies to “La mesa y el corazón”

  1. Gracias por el consejo, a veces se nos olvida la hospitalidad que debemos tener como cristianos, y siempre es bueno y edificante pasar momentos donde se habla el mismo idioma (las cosas del Señor) y de edificación unos con los otros, sin dejar de ser momentos agradables. Gracias hna Aixa

  2. Gracias Pastora por recordarnos que la hospitalidad genera amor fraterno y nos da la oportunidad de mostrar a nuestro huésped del amor de Cristo.

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