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Gloria y gracias

line Gloria y gracias

Por Aixa de López

“A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.”

-Romanos 1:21

¿Cacharon los antónimos allí? Cuando Dios se da a conocer, uno escoge de qué lado del subibaja se va a sentar. O lo glorificamos y damos gracias, o nos extraviamos en nuestros razonamientos inútiles y se nos oscurece el corazón. Una u otra. Rendirnos ante Él o pelear con Él.

Dar gloria y gracias nos coloca en una posición de humildad en la cual reconocemos nuestra completa bajeza delante de Dios. Jamás veremos a un soberbio siendo agradecido con alguien al mismo tiempo. La gratitud entrena a un corazón en reconocer cuánta necesidad tiene de las virtudes y bondades en otros, y el que reconoce a Dios como Señor y Rey Soberano, rebalsa continuamente en acciones que dicen “gracias” –acciones que dicen al mundo que observa “yo no dependo de mi mismo… yo no merezco ser llamado hijo… yo vivo asombrado del que se dignó en rescatarme… yo vivo en deuda con Uno solamente”. Dar gloria y dar gracias son gemelos siameses. Dar gloria y dar gracias nos vacuna contra el delirio de grandeza que sufrimos al tragar el veneno de Génesis 3 –¡no morirán, pueden ser como Dios!- porque nos ubica en el lugar correcto de reconocernos como criaturas perversas en necesidad de transplante de corazón… porque allí está el gran problema.

Nacemos con estos corazones infectados de autosuficiencia y ganas de trazar nuestros propios límites, y ¡jamás podremos! Porque únicamente Dios puede ver desde la eternidad hasta la eternidad y al mundo entero en la historia entera! ¡Sólo Uno es Creador y Soberano!… pero naturalmente, no lo queremos. Preferimos jugar a la ruleta rusa con un revólver cargado de balas y aún si no nos damos cuenta, el juego terminará mal. Somos Hansel y Gretel siguiendo un camino de migas de pan que nos llevará directo a la casa que en realidad es un rastro. Un matadero.

Cada vez que las criaturas dejamos de reconocer lo que somos y Quién es Dios, nos extraviamos. Dejar de ver a Dios por Quién Él es, es dejar de darle la gloria que le pertenece y para la cual fuimos creados. Negarnos a rendir honor y cantarle agradecimiento garantiza nuestra eventual llegada al desierto, sin mapa y con los ojos cundidos de espejismos que prometen ser agua.

Cuando las ridículas criaturas creen que pueden ser sus propios dioses, pronto encuentran razones para no sólo mal-usar los regalos del Creador, sino celebran el día en que logran coordinar sus pasos para pisotearlos, quemarlos y desgarrarlos; ese día felices se mudan al vecindario de la oscuridad y la estupidez, y a media calle, levantan monumentos a lo que creen que es progreso y libertad… en días como hoy, cuando gente que es sabia en su propia opinión firma con sonrisas que los niños que podrían nacer ese mismo día, pueden ser sacrificados desde el vientre, pienso en Romanos 1 y deseo con muchas fuerzas Verlo regresar a manifestar su ira y juzgar toda esta impiedad e injusticia y le ruego que lejos de solamente indignarme y protestar, mi corazón adquiera sabiduría teniéndole como el Rey que es, lo reconozca en todos mis caminos para rendirle gloria y darle gracias perpetuamente…



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