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Desiertos y Jardines

line Desiertos y Jardines

Por Aixa de López

 

LA BÚSQUEDA EN GOOGLE: «Flores acuarela colores pastel». Así amaneció mi día ese 8 de marzo de 2017. Ella cumple quince años en noviembre. Empecé los preparativos y mi mente se llenó de ella, un arcoíris de colores suaves y sus flores de acuarela… mi mente se llenó de ella…

Imagen Pinterest

El asombro de abrir el sobre de papel que decía «positivo», la alegría de sentir sus primeros movimientos dentro de mí mientras estaba sentada en esa banca de la iglesia, la primera vez que lavé su ropita pequeña decorada con osos y moños, la primera noche en que fuimos tres y la arrullamos inseguros y admirados. Llamarla por su nombre mirándola a la cara… Ana Isabel. Años de experimentos y arte, de historias a la hora de dormir, de preguntas brillantes y afirmaciones sabias… de berrinches y lecciones… su cara lozana y su mochila ordenada. Quince años de reto y maravilla.

Mientras yo preparaba la invitación para celebrar su vida, no sabía que, simultáneamente, un fuego que había empezado
 en corazones áridos de amor se esparcía hacia fuera por la desesperación.

Cuando las lágrimas dejan de ser atendidas, se vuelven desiertos desolados que queman por dentro. Fuimos diseñados para nacer frágiles y depender de alguien más fuerte y sabio, y se nos entrega sin palabras, pero con necesidades. Se nos entrega con frío para ser arropados; con hambre, para obligar el contacto; con debilidad en el cuello, los brazos y las piernas, para ser sostenidos. Se nos entrega pequeños para ser protegidos. Nos volvemos humanos en la coreografía lenta y torpe de ser familia… un bebé sin el recurso de un adulto seguro que traduzca su llanto empieza a creer que debe salvarse solo. Sus lágrimas se secan y transforman en desiertos los que debían ser jardines y sus corazones, en caparazones duros para esconderse.

Foto Unsplash

Mientras mi mente se llenaba de colores pastel, esa bodega se llenaba de fuego.

Sus gritos empezaron mucho tiempo antes, aunque parecía rebeldía. Sus gritos que rogaban amor parecían desafío. Una vida que llega sin ser querida resulta ser un río salvaje que, sin ser encauzado, arrasa todo aquello para lo cual llegó a ser. Los gritos y las lágrimas evaporadas por el desierto interno de las niñas salían en forma de insultos y amenazas, en forma de desobediencia. No sabían cómo más pedir auxilio. Y los cuidadores no sabían hablar su idioma ni conocían el idioma de Dios.

Mi corazón se inundó de humo. Y mi teléfono, de mensajes.

Foto internet

Esa mañana, murieron 19 niñas adolescentes que estaban internadas junto a otros más de 700 niños, en un centro de protección del gobierno.
 Sus cuerpos habían sido moldeados en los vientres de mujeres como yo, por el mismo Dios que hizo a mi primogénita. Ninguna le era desconocida, «cuando en lo
 más recóndito era [formada], cuando en lo más profundo de 
la tierra era [entretejida]» (Salmo 139:15). Ninguna era algo menos que una creación admirable… y sospecho que no se enteraron… esas son noticias que alguien más grande debe anunciarnos vez tras vez hasta que lo creemos. Alguien tiene que decirlo con las palabras, con la mirada, con el toque seguro. Alguien más fuerte y capaz, a quien miramos al levantar la cabeza, debe interrumpir la mentira programada desde la caída para anunciarnos la verdad de que somos deseados y valiosos porque Él nos hizo y porque Él es bueno, porque en amor nos predestinó al ser adoptados. Alguien debe interrumpirnos… con gotas de agua.

Pintar en el desierto.

Pero el mundo insiste en estampar los corazones más vulnerables con la mentira. Y nuestra inclinación natural 
lo facilita. Esas niñas vivían en una constante lucha por probar que eran dignas, porque no habían descansado 
en conocer que ya todo había sido consumado, y pararon viviendo en el Sahara… en realidad, somos jardines con sed de amor incondicional y de una guía firme y decidida, pero ellas estaban tan áridas y llenas de un calor tan abrasador, tan insoportable, que comenzó un fuego que no pudo ser contenido. Un incendio salvaje en manos de guardabosques no calificados.

La tendencia natural del hombre ante los llantos que se transformaron en rebeldía es responder con fuerza y castigo. Pero la tendencia natural no sabe que lo que una relación rompió, debe ser sanado con otra relación, y las relaciones requieren tiempo y voluntad. Y las relaciones suponen riesgo. El corazón que se volvió desierto no puede ser reverdecido con reglas y castigos; debe visitarse pacientemente, con semillas pequeñas y gotas constantes de intentos de conexión. Porque allí está la solución.

La magnitud de la tragedia hizo visible el tamaño de
 la necesidad interior e hizo evidente lo que la Biblia 
proclama de pasta a pasta: buscamos ser de Alguien. Y jamás descansaremos hasta saber que ese Alguien nos quiso antes
de que nosotros lo supiéramos; que la relación no la iniciamos nosotros y, por ende, no la sostenemos nosotros. El máximo anhelo solo será satisfecho en Jesús y el descanso radica en que no tenemos nada que probar. Él ya peleó por nosotros en un desierto. Pasó hambre y sed, calor y soledad… y venció con la Palabra, confiando perfectamente. Venció en un desierto para poder atravesar el nuestro y traernos al jardín.

Yo puedo soñar y planear una fiesta para mi hija, porque guardo su historia. Ella y yo nos pertenecemos. Celebrar su 
vida es celebrar que la hemos caminado juntos y que nuestro destino no es incierto; que lo que traiga la vida no sorprenderá
 a Dios y que, por bueno que sea, no es nuestra máxima alegría. Sostuve a mi hija en mis brazos cuando tenía tres días de
 nacida y le dije que no sabía quién se iría primero, pero que yo estaba segura que Dios nos tendría en Su mano a todos; que
 yo no podía garantizarle lo que pasaría, pero que le garantizaba que Él jamás la iba a dejar. La enfermera que merodeaba cerca de nosotras seguramente pensó que algo andaba mal conmigo… pero yo debía decirlo en voz alta. Mis miedos no podían 
quedar sin ser entregados y este viaje de ser madre e hija no
era orquestado por mí, y necesitaba mantenerlo a la vista. Pero no todas tenemos ojos para verlo. No todas reciben la noticia
 de un embarazo en medio de alegría, no todas están sentadas en la banca de la iglesia cuando sienten el primer movimiento, no todas lavan con ilusión la ropita pequeña… porque no hay ilusión ni ropita. No todas saben que hay Alguien a quién 
correr para soltar sus miedos. Hay quienes operan a partir del miedo, y no conocen otra cosa. Hay mamás que fueron niñas del desierto, que apagaron sus lágrimas y que, cuando menos sintieron, se encontraron caminando acompañadas de alguien más pequeño, que las necesitaba… y no supieron cómo 
hacer florecer un jardín porque no habían conocido ninguno… ¿Cómo puede un ciego pintar una flor con acuarela?

Pocos días después del incendio, las 19 se volvieron 40. Y nos quedamos pasmados. Y nos llenamos de preguntas. Dios también vio. Y tiene todas las respuestas… pero Dios no ve un número; Él las conoció y tenía contabilizados los cabellos de cada una de sus cabezas. Pronunciaba sus nombres, identificaba sus suspiros y contaba sus lágrimas. Su juicio siempre es justo. Él nunca llega tarde, pero Su mente no es nuestra mente y Sus caminos son misteriosos.

El portón que las separaba del mundo exterior se abrió 
de repente. Los jardines, hechos desierto. Los terrenos destinados a dar frutos, pisoteados y devastados. El mundo por fin vio lo que Dios ya sabía y a lo cual llama. La emergencia trajo luces y cámaras a lo que antes convenía dejar escondido. Niños por los cuales pocos sueñan y planean.

Qué cosa tan dura, ver a los débiles sufrir en un sistema tan desprovisto de lluvia… de gente adulta que haga una pausa y pregunte: ¿Cómo se irriga un corazón hecho desierto? ¿Cómo se construye un puente hacia un corazón cercado? No nos interesa… queremos la belleza del jardín sin el precio de regarlo. Preferimos las flores plásticas de los ratos superficiales que se pueden presumir en Facebook y nos deleita entretener la idea de que, con unos dulces, sanamos la amargura de vivir en las sombras. Nos vamos sin meditar en lo que queda cuando ese portón se cierra. Nos asusta quedarnos. Pensamos que eso es un llamado para unos pocos. Sin embargo, los cristianos normales hacen cosas difíciles. Son inseparables el discípulo y la tarea imposible. Son inseparables el seguidor de Jesús y los desiertos. No se puede ser iglesia sin conocer a su Dios en los lugares difíciles.

El noviazgo de Cristo y la Iglesia no se desarrolla ni fortalece principalmente en un restaurante rodeado de jardines, sino en un campo de batalla en medio del desierto; allí medimos nuestro límite y vemos Su fuerza salvadora. Allí nos enamora y nos asombra, allí nos revela Su grandeza y nos fortalece precisamente por nuestra debilidad. Pero nos cuesta comprender que nos llama a estas batallas justamente para traernos a una relación con Él, para darse a conocer y para llevarnos a nuestro límite y aumentar nuestra dependencia 
en Él. ¿Cuánto se rompió dentro nuestro? Este llamado a reverdecer desiertos es realmente una invitación a ser sanados, al entrelazar nuestros dedos con los Suyos. Una relación nos trajo al desierto; otra relación nos llevará al jardín.

Foto Unsplash

Mi niña cumple quince y podría haber estado en ese mismo incendio salvaje; pude haber sido yo la que golpeaba el portón de esa casa hogar. Pero alguien se acercó a tiempo con semillas de vida y gotas de agua. Alguien interrumpió la mentira que traía programada. Tengo la promesa de un jardín en medio de este campo de batalla, porque la fe vino por el oír Su Palabra. Puedo pintar flores de acuarela porque las veo por la ventana de esas páginas. Hay esperanza. Los ojos de mi corazón lo ven… y el humo se escapa.

 

Este escrito es un extracto del libro Lágrimas Valientes: esperanza viva en un mundo pasajero el 100% las ganancias generadas serán donadas a Vidas Plenas.


2 comentarios

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  1. Samantha Leiva

    Desiertos y Jardines….hace estremecer la conciencia dormida del lector. Gracias por ese despertar que nos permite redoblar la súplica porque gotas refrescantes hidraten corazones secos de amor y atención.

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  2. Ivett

    Esto ha llegado a llenar mi corazón de una manera increíble!..

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