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El rugido es canto

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foto por Frater

Por Aixa de López

 

 

»Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos.

 —Señor —respondió Pedro—, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte.

 —Pedro, te digo que hoy mismo, antes de que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces.

Lucas 22:31-34

Es increíble que nos sorpenda nuestra maldad, porque a Jesús jamás le ha sorprendido. Sabe que somos de barro, aún si perdemos el tiempo haciéndonos pasar por cristal.

Él regresó a Pedro. Regresó porque es el Buen Pastor y amaba a ese borrego torpe que se escapó. Regresó, no porque Pedro fuera bueno, sino porque Él lo es y se lo había prometido.

Y cuando vino, se paró frente a él y lo amó con verlo. Ese poder tienen sus ojos. Ven a través de la estupidez y miedo humano y cuando nos ve, ve adentro. Ve lo que Su Padre ve. Satanás finge ser un león y devora. Jesús es el Verdadero León que no regresó con un plan de venganza, ni sed de sangre, sino todo lo contrario, fue el León que la dio toda… para ejecutar el plan maestro de rescate. Porque ese era el punto de su muerte.

La vergüenza y el dolor de Pedro al haber oído el gallo, no pudieron frustrar el plan divino. Es más, lo embellecieron. Hicieron ver mejor que no es del que quiere ni del que corre, sino de quien Él tiene misericordia. Cuando jesús le anunció que lo iba a traicionar, también dijo que lo haría regresar, para hacer fuertes a otros débiles.

Pedro jamás fue escogido por ser apto, sino para desplegar la gloria del que ama por amor a Su Nombre. Nunca se trató de nosotros.

Después del gallo, quedó claro que no había posibilidad de verdadera bondad en Pedro. Quedó absolutamente comprobado que jamás podría, ni con toda su fuerza de voluntad, ser “bueno”.

Entonces.

Quedaba una sola cosa: verlo venir y llorar de alegría. Porque su noticia es Salvación. Es amor gratuito e incomprensible. Es entender que la gloria es Suya, porque la salvación es Suya.

Jesús llegó con una sola pregunta, dicha 3 veces. Como para deshacer las tres negaciones.

¿me amas?

No porque no lo supiera, sino para que quedara grabado en el aire y en los oídos del corazón del redimido. Para que aterrizara en la memoria. Los recuerdos de la negación regresarían, pero era como si Jesús estuviera asegurándose de que Pedro tuviera una respuesta para cuando lo hicieran. Lo traicionó escondiendo la mirada, y ahora, Jesús lo estaba restaurando al permitir que le dijera te amo, viéndolo a los ojos. Esa mirada y esas palabras, hicieron la canción que calló al gallo para siempre. 

Porque lo que Jesús hizo fue cantar. No hay otra manera de describir un rugido del León que ama a sus ovejas. Esa canción es la fuerza y la razón por la que Pedro vivió y escribió:

“Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.”

1 Pedro 5:10

Y por ese canto, junto a Pedro, canto yo.


4 comentarios

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  1. Licelot

    Gloria a Dios. Me encanta lo que escribe, hermana. Quiero parecerme a ti cuando sea grande.

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