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Agua limpia y fuego

line Agua limpia y fuego

Por Aixa de López

Miraba a su alrededor y esos volcanes de logros, dinero y propiedades, resultaban siendo nada. Alcanzar todo lo que uno en su carne sueña y descubrir que no es suficiente, es una de las más grandes dichas que pudiéramos recibir, aunque es humanamente imposible que lo lleguemos a desear. Es gracia común cuando se llega al fondo de la felicidad que uno mismo fabrica. Cuando Dios permite que se junten nubes negras que traen lluvia al corazón de un hombre de mente brillante, puede que esté a punto de inundar de esperanza otras miles –o millones– de vidas. La luz llega a las vidas solamente a través del quebranto de alguien, y el agua igual.

Su abuelo siempre les decía “ningún árbol come sus propios frutos, fuimos hechos para dar” aunque confiesa que por años -40 para ser exactos- no comprendió esas palabras y fue hasta ese punto cuando se animó a preguntarle a su hermana, una trabajadora social dedicada a llevar agua saludable a comunidades en riesgo, cómo podía servir en su fundación; así comenzó el camino hacia una nueva dicha, una que no había conocido. Y todos los detalles a lo largo del trayecto, son una colección de parábolas…

Nos explica del barro -tomando un poco de la muestra entre sus manos- la materia prima que necesita tener ciertas cualidades. Este viene de Rabinal, un lugar a unas 6 horas de la planta de producción. “Quizás sea ineficiente hacerlo así, pero esta es la arcilla perfecta… es arcilla de tres mil añosHemos probado otras y no funcionan igual”. La humedecen, moldean y rellenan de aserrín, que expuesto al calor extremo, eventualmente se convierte en el carbón que quitará los sabores y olores indeseables. Cada pieza se marca y coloca en anaqueles que gozan de la circulación del aire natural, haciendo posible que esta sea una línea de producción completamente verde. Un alfarero francés vino y ayudó escoger el terreno y a diseñar los techos para no usar un sólo ventilador. Evidentemente, el corazón del Sr. Wilson se desborda cuando habla… seguimos caminando y dice “todo el proceso importa, ¡pero esto… esto es de precisión!” Haciendo una pequeña pausa de emoción señalando al horno.

Momentos antes nos había recibido con una alegría que no pide prestada, que le ha sido dada a raíz de descubrir la fuerza imparable que es servir a su prójimo. El recorrido por la fábrica es una mezcla perfectamente entrelazada de ética laboral, justicia social, historia familiar y redención personal… y es completamente fascinante porque todo lo bueno, justo y puro, tiene un sólo origen, aunque no sé si siempre nos demos cuenta.

Es asombroso descubrir que lo que hace posible que yo tome agua cada día sin morir, sea el fuego (aunque parezca dramático decirlo, es el agua contaminada lo que mata mas personas en el mundo). A menos que se respete el tiempo, temperatura y longitud del proceso, todo resultaría inútil y serían al final, simples macetas. Solamente cuando son sometidas a ese pequeño infierno, serán completamente útiles para hacer lo que necesitan ser… y veo a los trabajadores de esta fase, especialmente atentos. La supervisión es elemental y hasta el hecho de abrir el horno requiere entrenamiento especial, o se echan a perder las piezas. La etapa más determinante del proceso es la mejor atendida. La parte más difícil es la más cuidada… ¡un increíble consuelo para esta vasija! El responsable es el mas invertido en que todo esto resulte bien, aunque momentáneamente parezca estar matando su creación.

Y allí no termina todo. Al enfriarse, deben ser sometidas a prueba… me suena familiar. Muy familiar…

Hace bien al alma observar de cerca las vidas que ya caminan con miras a lo que no se puede ver, esos que están felizmente obsesionados con servir y dejar un legado de generosidad. Nos hace bien observar el agua limpia que sale de las almas que han sido pasadas por fuego, a los árboles que se volvieron bosque porque han regado semillas por todos lados.

Para conocer más sobre ecofiltro ir aquí.

Gracias por invitar a Alianza Cristiana para los Huérfanos e invertir en inspirarnos.

Fotos por Aixa de López



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