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De piedrín a monumentos

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Por Aixa de López

 

No llevo tanto tiempo de verlos pero desde que los ví, junto a otros hermanos, corro en su ayuda. Están enterrados debajo de una montaña de piedrín que parece imposible de remover. ¡Es una urgencia! ¡Gritamos y nadie parecía oírnos! Están creciendo mientras son aplastados y ¡desespera que es como si sólo algunos de nosotros tuvieramos un super-poder para verlos!… en varias ocasiones nos hemos volteado a ver frustrados en medio de gente que desde su comodidad y con trajes elegantes, hablan y hablan y hablan sobre posibles respuestas y sonrien sin tener el nombre de uno solo de esos niños sepultados bajo ese montón de ripio, en sus corazones; sonrien y se tardan porque no los conocen… en más de una ocasión, nos hemos tenido que abrazar y llorar de indignación. ¡Bendito el día que dejamos de vernos las caras y comprendimos a Quién correr! Cada uno de esos niños que pagan la factura de tantos pecados debajo de esa montaña de dolor, tiene nombre y Dueño y Él nos escuchó… y más que a nosotros, los escuchó a ellos. Los niños solos lloran cuando nadie con ojos humanos ve, pero Dios recoge cada una de sus lágrimas, cuenta cada uno de sus cabellos y los llama por su nombre. Hay alguien que los ama y nos llama hacia ellos.

Este fin de semana nos volteamos a ver y también nos abrazamos, abrumados de alegría y alivio, porque muchos más pudieron ver.

Ver el dolor de los que no pueden resolverlo solos, produce en el discípulo de Cristo, un aullido desesperado y un amor por la oración… porque sólo ella queda. Y también produce sed de correr hacia la montaña de piedrín, para comenzar a quitar, uno a uno, el peso de encima. Cada uno lo que puede.

Eso vi. Discipulos cargados por lo que vieron y al mismo tiempo, decididos a acarrear el peso necesario y así liberar a más de uno debajo de las ruinas. La Cumbre Latinoamericana ACH: Defiende la Causa del Huérfano fue diseñada para romper el corazón del cómodo, con tal de restaurar vidas rotas; fue un tiempo apartado para que la iglesia se vea la cara en el espejo de la niñez vulnerable… porque nuestros frutos se notan mejor en las vidas de los débiles más débiles. Ese es nuestro pulso. Sólo podemos dar evidencias de nuestra vitalidad en la sangre que bombea hacia los puntos más frágiles del Cuerpo.

¡Qué felicidad tan inmensa se siente cuando mucha de la gente que más amas, ve, llora y se moviliza porque ve lo que Dios ya te mostró a ti! Es un regalo que no puedo describir cuando llega a tu propia casa esa redención. Porque eso es… en una manera misteriosa y espléndida, estamos siendo salvados de morirnos iguales a lo que hoy somos, cuando Dios nos llama a cargar las cargas de otro. Estamos siendo estorbados de vivir para nuestra propia miserable gloria cuando corremos a quitar el peso de la espalda de un débil. ¡Dia feliz cuando vemos dolor y no podemos evitar correr para aliviarlo! ¡Día feliz!

Ahora que corramos una y otra vez hacia la escena de desastre, no escondamos el piedrín en nuestras bolsas o mochilas, corramos del desastre hacia la cruz… cada día. Del desastre hacia la cruz. Y abandonemos allí nuestros pequeños montoncitos. Dios sabe construír belleza con ripio. Veo mujeres, jóvenes, familias, hombres, niños, yendo directo hacia la zona de desastre y los ojos de los niños debajo del ripio se iluminan, sus manos comienzan a poder moverse, sus piernas comienzan a liberarse, y al vernos correr a la cruz a dejar sus pasados dolores, correrán detrás nuestro, y conocerán al que pagó sus adopciones. Y mientras corremos de la mano, nos haremos familia, hasta que llegue el día en el cual, no habrá más piedrines… el que ocupó la Cruz, y salió triunfante de su tumba, habrá construído para sí mismo, un palacio hermoso y sin defecto, con todos los escombros que dejamos a Sus pies… el día que regrese, no habrá quién se atreva a tirar un solo poquito de polvo sobre ningún débil, y sus llantos y alaridos serán sustituidos por cantos y carcajadas, y estarán seguros para siempre y nosotros no tendremos que correr más , porque no habrá zona de desastre, sólo monumentos levantados para la alabanza de su gloriosa gracia.

Corramos juntos a la zona del desastre, donde por el momento los buitres sobrevuelan, porque no es una batalla perdida. Sus niños nos esperan y también la recompensa de Su abrazo.

“Defiendan la causa del huérfano y del desvalido;
  al pobre y al oprimido háganles justicia.”

Salmo 82:3

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