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Chris

Chris

Por Aixa de López

Ayer recibí una llamada que nadie quiere recibir. Mi querida amiga Loly al otro lado del teléfono, aún sin creerlo ella misma, me anunciaba que su segundo hijo (de 14 años) había fallecido en un accidente. Ella me pidió pronunciar unas palabras en su entierro hoy y por temor a no poder hablar, lo escribí. Con la autorización de ella y su esposo, les comparto lo que dije:

Conocimos a la familia Pineda Tercero en nuestra primera casa, ellos eran “la 1” y nosotros “la 11” y fuimos vecinos al menos 7 años. Muchísimas tardes mis hijos gozaron de la hospitalidad increíble de Loly, con juguitos en caja y galletas Chiki de fresa. Vimos a Chris nacer, gatear, caminar, aprender bici y luego moto. Nunca he olvidado la manera en que decía delicioso -“delishoshio”- y la uso muy seguido cuando hablo con bebés (¡me parece que expresa perfectamente el significado de la palabra!); mi Juan marcos usó mucha de su ropa porque Loly siempre nos apartó herencias…

herencias

Los papás hacemos planes para los hijos y deseamos y nos esforzamos por dejarles aunque sea una pequeña herencia… Todo, absolutamente todo lo que Dios me ha enseñado a desear para mis 4 hijos, Chris hoy posee.

1 Pedro 1:3-6 dice “¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo.”

No pasemos por alto que a esta amada familia no le faltó protección de Dios, porque lo que Dios desea proteger es nuestra esperanza eterna y Chris la tuvo. Y la herencia no se refiere a las calles de oro, al mar de cristal, la mansión o al cuerpo sano; en el cielo se nos dará todo eso solo para que podamos medir que es completamente irrelevante comparado al gozo de poder ver a Jesús cara a cara y caminar literalmente de Su mano, porque el pecado con el que luchamos a cada instante ahora, en este cuerpo caído y rebelde ¡ya no existirá jamás! ¡Ya no nos estorbará! y con cuerpos glorificados que incluirán corazones verdaderamente puros, podremos ser perfectamente obedientes y comprobar con nuestros ojos lo que solo creíamos por fe. Y esa será nuestra máxima felicidad.

Desde mi primer embarazo Dios fue claro conmigo y me mostró lo que he llegado a comprobar cientos de veces en la Escritura: mis hijos no son míos. Le pertenecen. Y eso no es nada a lo cuál temer, porque no podríamos tener un dueño más bueno o que nos amara tan fuerte y decididamente o que tuviera más poder.

Dios me ha enseñado lo que es bueno (El salmo 73 dice “para mi el bien es estar cerca de Dios”) y eso me ha vuelto “rara” para orar. Quiero para mis hijos ese bien.

Hace quizás un mes, estacionados frente al colegio, oramos como cada mañana, tomando turnos con los niños, y empecé a hacer mi oración, inclinada hacia el instinto materno de proteger y aferrarme a lo terrenal y temporal, diciendo: guárdanos, protégenos… etc… y sobre la marcha sentí como Dios corregía… o más bien, completaba mi oración… y después de una pausa, terminé diciendo: aún si hoy nos quitaras todo, aún si hoy todo cambiara y termináramos el día totalmente diferente a cómo empezamos, gracias porque lo que nos diste en Cristo es suficiente, porque nos trajiste a tu familia y eso jamás puede cambiar, porque tu regresarás y reinarás en perfecta justicia y todo lo triste será desecho, ¡ven pronto por favor!

Necesitamos desesperadamente dejarnos enseñar por Su palabra dos cosas: que Él es soberano y que los que hemos nacido del Espíritu a una nueva identidad no pertenecemos a este mundo.

Él es soberano y no somos de este mundo.

¡La razón por la que duele tan profundamente todo esto es porque hay una alarma interna, innegable, que indica que esto no puede ser todo! ¡El sufrimiento es lo que nos arranca las raíces de este mundo porque no fuimos hechos para él! Pablo lo dice en Romanos 8:22-24 “Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados…”

Las mujeres sentimos morir al dar a luz y nuevamente sentimos morir al entregar a un hijo; es dolorida esta espera, pero hay esperanza para soportarla. Ya vendrá ese glorioso día.

¡Enseñemos a nuestros niños a orar oraciones completas, que rebasen cada vez más sus deseos naturales de seguridad y comodidad, y que sean enfocadas en un bienestar que nunca pueden perder!

No pongamos sobre sus hombros pesos que no les corresponden. Si enseñamos que pidan con fe solo por una lista de bondades que se irán, su fe se esfumará cuando no reciban lo que pidieron, pero si les enseñamos a pedir a Cristo y Su regreso, su fe crecerá y será inquebrantable porque sabemos que lo recibirán. Seamos cristianos que anhelan Su segunda venida, que ellos nos oigan pedirlo en nuestras oraciones. ¡Pongamos atención al dolor de hoy! No lo queramos barrerlo abajo de la alfombra. El fin de días como este es apuntarnos a Cristo. Es desear que regrese. Es quererlo a Él. El cielo será el cielo, no porque nos tendremos unos a otros, sino porque tendremos a Jesús frente a frente y no hay algo que falte en su presencia.

NADA.

FALTA.

EN SU PRESENCIA.

Es gloriosa la descripción en Apocalipsis 21:1-5: “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir». El que estaba sentado en el trono dijo: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!» Y añadió: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza».”

El cielo será el cielo, no porque recuperaremos lo perdido, sino porque Jesús tendrá con él a quienes soñó desde el principio: rebeldes enemigos transformados en hijos que saben que son amados, aptos para habitar el lugar perfecto, no por sus buenas obras, sino porque el rescate de nuestra alma secuestrada fue pagado totalmente en la cruz del calvario. ¡Nuestro gozo será completo! ¡Nuestro Salvador, cercano!

Habiendo dicho todo esto… quiero asegurarles, Loly e Ivan, Ivancito y Dianita, abuelitos, tíos y todos nosotros, que Dios camina al ritmo de nuestro corazón adolorido, porque un día también vio morir a su hijo. A su único. A su verdaderamente Perfecto, no en un accidente, sino en manos de quienes Él trataba de salvar, por orden del Padre mismo… Es un dolor que jamás terminaremos de comprender y un amor que pasaremos adorando eternamente. El es el que minutos antes de resucitar a su amigo Lázaro, lloró frente a su tumba. Jamás dijo: ¡no lloren! (Por cierto… este no es momento de dar razones u opiniones, es día de llorar con los que lloran).

Dios está y estará pendiente de cada lágrima, al extremo de guardar cada una en un frasco… eso dice el salmo 56:8. Tenemos un Dios temible y poderoso y a su vez es un cordero tierno que se mantiene cercano a los de corazón quebrantado, como dice el Salmo 34.

Le pido al Señor que no anhelen el cielo principalmente por reunirse con Chris, porque si él ocupa un lugar central, van a perderse en su dolor y el diablo puede aprovecharse de ese amor comprensible pero desordenado; le pido que anhelen el cielo por Jesús. Si lo desean a Él, obtendrán todo por añadidura, incluyendo estar todos juntos otra vez.

El alivio verdadero vendrá, no de distraerse, sino de enfocarse en la Verdad de la Palabra; mi oración es que El Señor haga brotar hambre y los alimente y sostenga con ella, y les enseñe a caminar con este dolor que antes no existía, con una esperanza que quizás tampoco existía.

Oseas 6:1-3 dice:

“¡Vengan, volvámonos al Señor! Él nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará. Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará, y así viviremos en su presencia. Conozcamos al Señor; vayamos tras su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, él habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra.”

Oración final:

Te pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de tus gloriosas riquezas, los fortalezcas en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios”

Efesios 3:16-19

*fotos Unsplash


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Prometo odiarlo

Prometo odiarlo

por Aixa de López

Sé que a veces aún te cuesta distinguir, pero al que detesto es a tu pecado. Porque a ti te amo, y precisamente porque te amo, necesito odiar todo lo que te ponga en riesgo. Separarte de Dios es lo peor que puede pasar, y tu instinto natural es correr en dirección opuesta a Él, porque el mal te habita. Lo sé porque vivo la misma lucha y he aprendido a aceptar que no puedo sola.

Yo sé que quizás no has llegado a verlo claro, pero cada intento de solucionar tus asuntos a tu manera, es una declaración de desconfianza en Él y Su plan. Eso es pecar: decir en tu corazón “yo puedo ser como Dios y yo decido lo que está bien y lo que está mal” y Él no cabe en esa ecuación.

Cada vez que escoges hacer tu voluntad, aún en las cosas más pequeñas, estás escogiendo rechazar el camino que te hará vivir aunque por el instante parezca que te va a matar, porque hacer la voluntad de Dios se siente como morir… ¡porque eso es! Morir a ti y lo que tú carne desea, pero luego es vida.

Odio tu pecado porque te pone en el centro y estando en el centro eres blanco fácil del enemigo de tu alma. Como cuando un venado se arriesga a salir a una planicie. Pareciera un paraíso con mucho campo para correr, brincar y hacer lo que quiera, pero jamás podrá esconderse de las balas del cazador porque allí no hay refugio o tregua. Verte correr en ese campo abierto (en el mismo lugar donde yo misma he recibido balas) no puede serme indiferente y menos puede darme gozo; me da angustia y el impulso de correr con todas mis fuerzas para llevarte al lugar seguro, arrastrándote si es necesario, aún si me odias un poco porque en el momento no entiendes lo que hago. A veces mis intervenciones y desaprobación serán interpretadas como falta de amor pero son todo lo contrario. Como te amo, odio tu pecado. Como te amo, quiero hacer contigo lo que otros hacen por mi: arrastrarme al lugar seguro.

Hacer tu voluntad es suicidio, aunque no te hayas dado cuenta, y ser testigo mientras lo haces me hace cómplice de tu muerte, lo cual me hace doblemente culpable.

Jamás cuentes conmigo para eso.

El Señor nos dió los unos a los otros para amarnos y amarnos incluye el abrazo cuando hay frío, el hombro cuando hay tristeza, la voz de alarma cuando hay peligro y la corrección cuando hay necedad. Te amo, pero amo a Dios y su gloria por encima de eso. Nuestra libertad y acceso al lugar seguro costó sangre, y entre más lo comprendo, menos puedo soportar nuestros intentos de sabotearlo. Por eso me arriesgo a tu enojo momentáneo, y te prometo odiar tu pecado.

“Más vale ser reprendido con franqueza que ser amado en secreto. Más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa.”

Proverbios 27:5-6

“Pero, si tú le adviertes al justo que no peque, y en efecto él no peca, él seguirá viviendo porque hizo caso de tu advertencia, y tú habrás salvado tu vida».”

Ezequiel 3:21


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El otro milagro

El otro milagro

Por Aixa de López

Hoy vi una publicación de Instagram que alababa a Dios por una prueba de embarazo positiva después de una temporada dura de espera y en síntesis, animaba a todos los que estaban pasando esterilidad, a seguir esperando su milagro (su milagro = un embarazo) y yo contesté esto:

¡El Señor es siempre siempre bueno! ¡Y gloria a Dios por los que están gozando a sus bebés! Sin embargo, tengo algo que decir a quienes nunca recibieron ese tipo de milagro: a veces Dios nos ama así, y a veces, nos ama de manera diferente; Su mente no es nuestra mente… y en esos casos, debemos seguir confiando, no en que recibiremos lo que deseamos, sino en que sin importar lo que se nos de o se nos quite, nos está dando lo necesario. Nunca debemos pensar que es culpa nuestra una cuna vacía. Como voluntaria de una organización que trabaja en favor de los huérfanos, y madre adoptiva, puedo decir que hay mujeres que conciben aún siendo adictas o ignorando completamente al Señor. No podemos controlarlo. Y si… también puedo decir que los vientres estériles podrán parecer historias tristes y derrota para nosotros, pero yo he visto a Dios usarlos vez tras vez para producir corazones fértiles… que dan la bienvenida a bebés que no habrían tenido chance de otra manera. La adopción podrá ser plan B de muchos, pero Dios no hace bebés plan B. A veces la adopción es el plan A de Dios, y ese es otro tipo de milagro. ¡Abrazos!

—————–

PD: es especialmente oportuno publicar esto el día en que nuestra pequeña de la casa cumple 11. Hace tan sólo 5 cumpleaños que celebramos su vida… vino cuando tenía 6 años.

Soy parte del grupo de apoyo para familias adoptivas Corazones Fértiles. Para saber más pueden visitar nuestra página de Facebook o escribir a info@ach.org

Más entradas sobre nuestra historia de adopción…

Dos sílabas

Cuarenta

Flores moradas

Amor no transacción

El riesgo


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Azul tormenta

Azul tormenta

Por Aixa de López

Hoy te vi en el pasillo donde solemos cumplir tantas de nuestras misiones, donde buscamos llenar nuestras alacenas, para llenar barrigas, para llenar corazones. Y no te costó desbordarte en peticiones por ese hijo que amas. El día que quizás temías tanto, llegó; el reclamo por tus decisiones, brincó de su mente, salió de su boca, para meterse en tus oídos y llegar a tu corazón. Por el momento, tu muchacho tiene puestos los lentes de la adolescencia cruel, con los que ve enorme todo lo que le falta y ve pequeño el invaluable regalo que tiene: una madre que le preservó vida. Y necesito ir al Padre y hablarle de ti… porque sé que te sientes como un ancla con peso insuficiente para mantener ese barquito a salvo… porque te sientes incapaz de reparar la rotura que está inundándolo y en las noches mientras duerme, lo ves y ruegas poder seguir enseñándole a nadar, o siquiera convencerlo de no zafarse del chaleco salvavidas.

Y el mar está bravo.

El azul tormenta pinta su corazón y el remolino de agua que lo marea, es un espejo de lo que siente y que no sabe explicar con palabras. Y tu lo ves, y ves un milagro, pero por el momento, Él ve su reflejo en agua turbulenta y solo mira un lapso. Mira con esos lentes de adolescencia cruel y solo sabe hacer cuentas que lo dejan con restas y pareciera que todo el capítulo que lo trajo fue un desliz. Saca su cabeza a un lado del bote mientras lo azota la lluvia violenta, y trata de ver el fondo porque piensa que es allí donde pertenece… nuestro corazón engañoso tiende creerle al que no está… Porque la ausencia de un padre tiene el poder de gritar, aun si tú has pasado su vida entera diciéndole un millón de te amos al oído; porque el corazón de tu hijo fue hecho para estar seguramente atado al muelle del corazón de un papá. Por eso se siente a la deriva. Ese vacío debe ser llenado y tú simplemente no alcanzas.

A este punto de la historia, es lo único que ese muchacho de cielo nublado sabe ver: que tu no alcanzas.

No temas.

Es una fortuna entender, tarde o temprano, que ningún otro mortal jamás alcanzará. Tu pequeño barco no puede imaginar un mar tranquilo, porque no tiene referencia. No pienses que quiere rendirse, lo que quiere es un capitán que lo sepa atar al muelle y ser su ancla. Ese es el trabajo de los papás imperfectos… dejar ver destellos de luz para hacernos desear un día en la playa, con ese Capitán infalible que jamás naufraga. Él anhela un Capitán superior e infalible y aún no se ha dado cuenta.

Hoy que los veo en medio del mar, quiero treparme a bordo, porque de eso se trata esto de ser familia: una flotilla que rodeamos con luces, lazos, salvavidas. Dios quiere y puede mandar hombres con corazones de color azul cielo, para mostrarle esperanza. Pidamos que provea. Él quiere y puede. Más Pablos para los Timoteos. Más Timoteos para los Pablos.

Y yo deseo remar contigo y asegurarte que Dios hecho hombre, sabe navegar. Porque sabe hacer barcos. Sabe hace mares. Saber deshacer olas. Sabe salvar muchachos de corazón de tormenta. Tanto sabe del mar y sus achaques que duerme mientras tripula. Que habla para calmarnos. ¡Que te hable! ¡Abre su libro! Confiémosle esto. La tormenta no fue diseñada para ahogarlos, sino para calmar las olas por dentro al mostrarse como suficiente. Este pequeño barquito no fue lanzado al mar para ser partido ni reparado, fue puesto en el agua para ser hecho nuevo.

Para más información sobre programas de fortalecimiento familiar y mentoreo para niños en riesgo, escriban a info@ach.gt

*Fotografías por Aixa de López


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Oración por una hija adolescente

Oración por una hija adolescente

Por Aixa de López

Basada en 1 Pedro 3:4

Señor, me diste una niña y por tu gracia, ahora está tan alta como yo.

Hoy que mi hija entra a otro capítulo , y yo también, vengo contigo otra vez…

Te pido que conozca más profundamente la verdad: que ella sola no se puede salvar y que su identidad está en Cristo, para que no espere un príncipe azul que la rescate y que tampoco sea engañada con eso de usurpar un lugar que no le asignaste.

Que a medida que se afiance en la Palabra, se convierta en una mujer hermosa de acuerdo a los estándares divinos.

Que el mayor tesoro de su corazón sea lo que jamás podrá perder para que se abandone a Tu voluntad con gozo y valentía.

Que descubra sus talentos para rendirlos y traer ganancias para el Reino, que llegue a comprender Tu diseño para su vida, ame su primer ministerio y sepa que El Señor tiene en alta estima a una mujer que cambia el mundo mientras te sirve silenciosamente y medita en su corazón tus maravillas.

Que sus tiempos contigo la definan.

En el nombre de Jesús,

Amén.

Esta oración fue originalmente publicada en el libro Oraciones y Reflexiones de Lifeway Español

Fotos por Aixa de López

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Días grises

Días grises

Por Aixa de López

 

¿Han tenido esos días raros? En los que no saben exactamente cómo se sienten? En los que pareciera que no se siente nada?… supongo que es parte de la experiencia humana y del caminar con Cristo. 

Si asumimos que se trata de “sentir” nos desenchufamos de la Fuente de vida. Nos desatamos del muelle, y resultamos barcos a la deriva. 

Reconocer que hay días grises, incómodos y “sin forma” no significa que seamos menos Suyos, menos amados o menos aptos para lo que nos manda a hacer. Significa que somos humanos. 

¡Lo maravilloso es que Él lo ha sabido desde el principio! Y no nos llamó por ninguna razón contenida en nosotros mismos, sino por amor a Su Nombre y para la alabanza de Su gloriosa gracia. 

Aún en los días “raros”, tengo a Quién voltear a ver, a Quién elevar mis brazos, a Quién adorar por su eterna estabilidad y en Quién confiar por su inigualable fidelidad. 

Aún cuando no sé ni qué me pasa, ni qué siento, tengo en Quién creer. Eso me hace de carácter firme, aún en estos días, porque se trata de Él y Su perfección, no de mis sentimientos o capacidad. Me sostiene la convicción y no la emoción. 

Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía. Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna. Sí, en ti esperamos, Señor, y en la senda de tus juicios; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra vida. Señor, tú estableces la paz en favor nuestro, porque tú eres quien realiza todas nuestras obras.”

Isaías 26:3-4, 8, 12


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Mariposas o gusanos

Mariposas o gusanos

Por Aixa de López

 

Me dieron tanta tristeza que no tengo fotos. Llegaron demasiadas en esa ocasión y la alegría de verlas crecer se volvió en angustia cuando se terminaron la comida. Traté de ir por unas cuantas ramas más a donde mi mamá (ingenua de mí) y por supuesto que no fueron suficientes.

De las pocas que lograron crecer y colgarse, un par lograron convertirse en crisálida y salir, pero ninguna logró volar. Un pequeño ejército de orugas muertas, aparentemente crecidas pero vacías. Como cascarones. Unas cuantas crisálidas eternas y el par de mariposas que nacieron sin poder volar… que entonces no se si llamar mariposas.

Alguna vez en el pasado, sin aún haber presenciado la maravilla que es la metamorfosis de las monarcas en mi jardincito trasero -como he podido en los últimos 4 años- escribí una cursilería como “todo lo que necesitamos para convertirnos en mariposas ya esta dentro de nosotros“… ¡ay por favor! ¡qué pena!… y ¡Qué mentira! La Biblia lo dice por todos lados y los jardines igual. Es verdad, la crisálida o el capullo no lo construyen afuera de ellas, más bien se quitan el traje de oruga como si fuera una pijama; pero lo que he llegado a entender es que es absolutamente imposible que se conviertan en mariposas sin alimentarse de lo que deben, porque están diseñadas para unirse a esa planta específica al punto de digerirla y así ser transformadas. No fueron hechas para otra cosa.

A menos que coman lo correcto y coman mucho, lo que ellas son por si solas, será simplemente insuficiente; sin el alimento no son más que gusanos muertos.

Y todo habla de Jesús y de su santa e invencible disposición de darse a nosotros con tal de saciar el hambre que programó dentro nuestro, que será insaciable hasta que sea Él quien llene nuestra boca, nuestra mente, nuestro corazón. Estamos cableados para la transformación pero jamás pasará sin que el que nos cableó nos regale hambre por lo que traerá vida: Sus palabras. Su Libro. No fuimos hechos para auto-ayudarnos, auto-mejorarnos o auto-estimarnos.

Sin planta de algodoncillo no hay mariposas monarca y sin Su Palabra, no hay Cristianos. No es suficiente probarla o recibirla esporádicamente, es necesario masticarla, tragarla, digerirla, hacerla nuestra continuamente. Cualquier otra cosa podrá hacernos crecer por fuera, ¡pero jamás lo veremos a Él! Jamás lo amaremos. El hambre que Él da al que hace nacer de nuevo no es de cumplir una tarea, sino de mirarlo a los ojos en cada página. Eso es lo que transforma… ¡Él es Quien transforma! Sin Biblia, tendremos gente llenando las bancas y llenando sus agendas, incluso llenando cheques, pero con almas vacías, sin rumbo y sin fuerza en sus alas.

Mariposas que no se si llamar mariposas, cristianos que no sé si llamar cristianos…

¿Cómo vamos a amar a un Dios que se revela en un libro que no abrimos? Sin comer Biblia, somos gusanos muertos.

“Hijo de hombre, presta atención a lo que te digo. No seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo que te doy».” -Ezequiel 2:8 


 

 


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Encajar

Encajar

Vi su silueta canada del otro lado de la puerta de vidrio; del otro lado, donde cada vez que cruzo dejo de ser extranjera.

Él me cobijó con su nombre hasta que me entregó en el altar, pero su abrazo protector nunca me falta. Regresando de sepultar a la mujer cuyo vientre fue usado para traerlo al mundo, aún de negro, se paró a esperarme. Su sonrisa cansada me dio la bienvenida. Como un millón de veces antes. Su sonrisa fue -y en muchas maneras- sigue siendo, mi hogar. Después de recorrer el mundo se necesita regresar a donde uno encaja perfectamente cuando abraza. Donde uno ha sido recibido ese millón de veces antes.

Por eso cuesta tanto la despedida. Porque uno quiere siempre regresar. Ella se debilitó poco a poco, y empezó a rehusar comer. Es claro que al final de la carrera, el discípulo sabe que el verdadero hogar llama y es lo único que al final desea ¡bendito sea Dios! Se nos va muriendo el apetito por este mundo para incrementar el hambre por lo eterno.

Mi papá se despidió con un “hasta mañana”, se fue a su casa, se cambió, pero luego de un momento sintió que debía regresar; volvió a ponerse la ropa y se fue, porque ella y su abrazo eran su hogar… donde desde niño encajaba perfectamente. Y era hora de un adiós más largo. Ya no habría otro “hasta mañana”.

Ella murió con las caricias de su hijo en la frente y las voces de sus hijas en el oído, como siempre debería ser.

“Perder un padre nunca es tan duro como crecer sin uno”… eso precisamente oí en la conferencia de la cual tuve que regresar. Digo “tuve” porque el amor obliga (impulsa, jala, llama) y estar presentes para celebrar y llorar juntos es de lo más importante, porque así es como contamos una historia mayor. Una que cuenta del Dios que dio su Hijo, su Único, para costear nuestra adopción. Me he equivocado demasiadas veces. Confieso que me ha faltado amor. Tuve que regresar. Quise regresar.

Entre ir y venir, aeropuertos y pasaportes, veo a mis niñas pequeñas… las que nacieron en mi corazón… ¡Qué gran viaje el de la adopción! Un trayecto intenso de un extremo en el que se sobrevive en la mentira de la autosuficiencia hasta el otro extremo, en donde se aprende a confiar y descansar en que alguien vela por uno y lo ama, no porque lo merezca sino a pesar de todo. Donde uno va dándose cuenta de que tiene opción de ir acomodándome a un abrazo hasta que encaja perfectamente, y poco a poco se va volviendo el lugar al cual quiere regresar. De extraños a entrañablemente defendidos.

Y todo habla de Él. Ese sentimiento de vacío y esa tristeza profunda que no termina de irse, indican que añoramos nunca ser dejados. Añoramos lo correcto, porque lo añoramos a Él. Aún sin darnos cuenta, no concebimos historias sin final feliz, y es porque el final feliz es Él. Todo apunta a una eternidad adquirida con sangre, donde nuestros corazones naturalmente huérfanos dejan de serlo, confían perfectamente y gozan a Su Padre para siempre, sin decir adiós nunca más. El final Perfecto sólo puede ser Él, porque sólo Él no tiene final.

Nacimos para pertenecer a alguien que diga “mío”. Estamos hechos para ser anidados en el vientre, en los brazos, para ser hogar unos de otros, para nacer deseados y morir acariciados… Para esperarnos detrás de las puertas del aeropuerto y dejar de ser extranjeros. Para ser abrazados hasta encajar. Para nunca más decir adiós.

«No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío.» -Isaías 43:1


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