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Completos

Completos

por Aixa de López

Hace un año y un día de esto.

Una de mis hermanas vive en Florida y lo que solíamos ver en las noticias se volvió asunto de familia. Un muchacho entró a disparar a la escuela secundaria donde estudiaba… justamente la de mi sobrino.

Ellos supieron que estaba bien por el bendito celular que cargaba… pero de todos modos lloré de imaginar a mi hermana y cuñado apostados frente a la entrada, viendo a otros papás recibir un malas noticias.

El día 14 de febrero del 2018 terminó con mi familia completa… y sabemos que es gracia sobre gracia… porque Dios así lo quiso. Y aún tengo preguntas…

¿Por qué cuando pasan estas cosas nos limitamos a decir “porque Dios nos ama nos guardó”, viendo sólo nuestro pedacito? ¿Y las familias que no terminaron el día “completos”?

¿Por qué oiremos cosas como “hay que orar más por protección” y no tanto “hay que orar por valor para amar a los difíciles”? ¿Oramos por la familia de las víctimas mientras oramos por la familia del victimario? No sé… nuestra obsesión con nosotros mismos y con que a nosotros no nos pase nada, parece amor pero es en realidad falta de amor; si sólo nos alegran nuestras alegrías aún no comprendemos lo que Dios quiere con nuestra salvación.

Nadie hace lo que hace de gratis. Todos los comportamientos son la voz más elocuente de una necesidad que clama por ser saciada. La presencia de putrefacción sólo puede ser posible por la ausencia de luz y sal. ¿Dónde estamos?

Sea por enfermedad mental, por trauma o por un corazón lleno de mentiras, tomar una vida es una clara bandera roja –corinta– de que este mundo está roto y como una galleta que se cayó de la mesa, está avanzando a paso apresurado hacia su final.

Pero… esto no es sorpresa para nosotros, la gente del Libro. Porque escrito está. Sabemos el final, y es ¡absolutamente glorioso! El Rey que es Camino, Verdad y VIDA, regresará para dejarse ver sin lugar a dudas y los que lo esperábamos lloraremos de alivio, porque al fin será ordenado el mundo, nuestra mente, nuestro corazón y nuestros amores, y seremos libres del miedo… y para mientras, los que esperamos ese día no nos sentamos a ver cómo avanza lo podrido, no vemos desde nuestro balcón preferencial la desgracia, más bien, nos gastamos en anunciar al Rey que viene, nos enfocamos en modelarlo al rendir nuestra comodidad y conveniencia para que cuando llegue el día, los que son suyos, reconozcan Su voz.

Parece que la oscuridad avanza, pero ya viene el día y ¡no se nos dio vista para ver de lejos la necesidad! vivamos para amar, oremos con gratitud cada día que nos acostamos “completos” y roguemos por misericordia para los que aún viven para sus propias fantasías…

“Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad. No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio.”

‭‭1 Tesalonicenses‬ ‭5:5-6‬


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Gloria y gracias

Gloria y gracias

Por Aixa de López

“A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.”

-Romanos 1:21

¿Cacharon los antónimos allí? Cuando Dios se da a conocer, uno escoge de qué lado del subibaja se va a sentar. O lo glorificamos y damos gracias, o nos extraviamos en nuestros razonamientos inútiles y se nos oscurece el corazón. Una u otra. Rendirnos ante Él o pelear con Él.

Dar gloria y gracias nos coloca en una posición de humildad en la cual reconocemos nuestra completa bajeza delante de Dios. Jamás veremos a un soberbio siendo agradecido con alguien al mismo tiempo. La gratitud entrena a un corazón en reconocer cuánta necesidad tiene de las virtudes y bondades en otros, y el que reconoce a Dios como Señor y Rey Soberano, rebalsa continuamente en acciones que dicen “gracias” –acciones que dicen al mundo que observa “yo no dependo de mi mismo… yo no merezco ser llamado hijo… yo vivo asombrado del que se dignó en rescatarme… yo vivo en deuda con Uno solamente”. Dar gloria y dar gracias son gemelos siameses. Dar gloria y dar gracias nos vacuna contra el delirio de grandeza que sufrimos al tragar el veneno de Génesis 3 –¡no morirán, pueden ser como Dios!- porque nos ubica en el lugar correcto de reconocernos como criaturas perversas en necesidad de transplante de corazón… porque allí está el gran problema.

Nacemos con estos corazones infectados de autosuficiencia y ganas de trazar nuestros propios límites, y ¡jamás podremos! Porque únicamente Dios puede ver desde la eternidad hasta la eternidad y al mundo entero en la historia entera! ¡Sólo Uno es Creador y Soberano!… pero naturalmente, no lo queremos. Preferimos jugar a la ruleta rusa con un revólver cargado de balas y aún si no nos damos cuenta, el juego terminará mal. Somos Hansel y Gretel siguiendo un camino de migas de pan que nos llevará directo a la casa que en realidad es un rastro. Un matadero.

Cada vez que las criaturas dejamos de reconocer lo que somos y Quién es Dios, nos extraviamos. Dejar de ver a Dios por Quién Él es, es dejar de darle la gloria que le pertenece y para la cual fuimos creados. Negarnos a rendir honor y cantarle agradecimiento garantiza nuestra eventual llegada al desierto, sin mapa y con los ojos cundidos de espejismos que prometen ser agua.

Cuando las ridículas criaturas creen que pueden ser sus propios dioses, pronto encuentran razones para no sólo mal-usar los regalos del Creador, sino celebran el día en que logran coordinar sus pasos para pisotearlos, quemarlos y desgarrarlos; ese día felices se mudan al vecindario de la oscuridad y la estupidez, y a media calle, levantan monumentos a lo que creen que es progreso y libertad… en días como hoy, cuando gente que es sabia en su propia opinión firma con sonrisas que los niños que podrían nacer ese mismo día, pueden ser sacrificados desde el vientre, pienso en Romanos 1 y deseo con muchas fuerzas Verlo regresar a manifestar su ira y juzgar toda esta impiedad e injusticia y le ruego que lejos de solamente indignarme y protestar, mi corazón adquiera sabiduría teniéndole como el Rey que es, lo reconozca en todos mis caminos para rendirle gloria y darle gracias perpetuamente…


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Oración por el vecino difícil

Oración por el vecino difícil

Por Aixa de López

Hace poco abrí una de esas sesiones de preguntas en Instagram, y alguien me preguntó cómo orar por un vecino que sinceramente quisieran que se mudara… y esta es la versión corregida y aumentada:

Señor

Reconocemos que Tú eres soberano y planeaste dónde íbamos a vivir; sabiendo que nuestro domicilio no es un accidente sino un diseño divino, perdónanos por no clamar más seguido por nuestros vecinos, porque nos trajiste aquí para ser luz.

Hoy te confieso mis sentimientos hacia ___________ aunque sé que ya los conoces. Tiendo a ponerme al centro y deseo mi comodidad más que mi santificación… Has visto cuánto me cuesta convivir con ___________ y sabes cuál es mi deseo. Enfócame, te necesito desesperadamente para verme en todas las ocasiones en las que he sido yo el vecino difícil de tolerar… porque la medida correcta no es mi moralidad comparada a la de él (o ella), sino contigo… yo no soy mejor que los que me son inconvenientes… Tráeme a la Verdad de que Tu, incomprensiblemente quisiste ser mi vecino cuando yo te odiaba, rechazaba y agredía. Ese es el remedio que necesita mi alma. ¡Yo he sido tu vecino difícil Señor! Conoces mi debilidad y amnesia… ¡perdóname!

En la espera a tu respuesta, ayúdame a ver a ___________ como provisión de parte tuya para mi santificación y crecimiento en arrepentimiento y humildad. Que al mostrarle amor de una vía, pueda desplegar tu Evangelio… que es que Tú, siendo el Dios Perfecto hecho carne y hueso me amó antes que yo le diera una sola razón para hacerlo.

Rogando por el poder de tu Espíritu y en Tu nombre Jesús

Amén


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Paz cursi o de verdad

Paz cursi o de verdad

Por Aixa de López

Lo decimos y escribimos, lo cantamos y vemos en películas navideñas y este año me llamó mucho más la atención… deseamos paz. Y sospecho que lo que muchos tienen en mente es ese sentimiento bonito y tibio de relajación o quieren una celebración que pase sin ninguna trompada o palabra áspera de por medio… pero cuando la Biblia menciona paz en el contexto del nacimiento de Jesús, ¡se refiere a la paz más necesaria que un sentimiento o resolución de asuntos familiares! La paz que nos trajo Él fue de otro nivel completamente…

¿No nos damos cuenta? ¡El Dios y Rey del universo había sido cósmicamente ofendido por nuestra especie! ¡Nosotros éramos el objeto de Su ira! ¡Estábamos en el blanco de su poder destructor! Nosotros no necesitábamos sentimientos o remiendos en los asuntos pasajeros, ¡necesitábamos que Alguien se interpusiera entre ese Dios Santo y esta humanidad inmunda! Alguien que saldara la cuenta. Y ¿quién vino? El Mismo Dios Santo que no soporta la maldad. Él mismo se puso un cuerpo para tener sangre con la cual pagar el crimen nuestro y poder absorber la ira justa que eventualmente nos destruiría y así cumplir sus propios estándares. El que exigió perfección, la vivió en nuestro lugar; el que no tolera la suciedad ofreció agua que limpia ¡para siempre!… El mismo Dios de Amor y Justicia cumplió todo para proveer un escondite de su bomba atómica, para que todo aquel que cree no se pierda, sino tenga vida eterna. O Él venía o seguiríamos en tinieblas. O Él nacía o todos moríamos. Por eso se escribió “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad” (Lucas 2:14)

¿Quiénes gozan de su buena voluntad? ¿Quiénes son los bienaventurados? Los que lloran su condición, los humildes, los que “toparon” y no ven más recursos en ellos mismos… No es asunto de deseos cursis en tarjetas y canciones, es asunto de vida o muerte reconocer que jamás podremos acercarnos a ese Dios tres veces Santo sin su propia ayuda, sin su intervención. Paz a los que reciben el regalo de ojos abiertos y corren a refugiarse en Jesús ¡Gloria a Dios!.


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Eso dicen los regalos

Eso dicen los regalos

por Aixa de López

Los hijos no saben que la alegría que los papás experimentamos al dar, es exponencialmente mayor a la de ellos al recibir, y nosotros somos sombras ridículamente débiles de Aquel que da sin medida, que dio irracionalmente y que al hacerlo, mando una celebración musical desde el cielo… ¡A sabiendas del costo! Del desprecio. De la ignorancia. De la traición. Del dolor. Dio porque es su esencia. Dio EL regalo y no fue porque fuéramos buenos hijos. Todo lo contrario… ese regalo nos capacitaría para serlo. Nos dio a Su Hijo *a pesar* de nosotros… Esa es la historia de Navidad. Esa es SU historia, la de dar a los malvados lo que jamás merecerían, para derretirles el corazón y transformarlos de enemigos en hijos muy amados.

Este Dios, el de la Biblia, no da al que se porta bien, sino basado en Su propia bondad, da por gracia al peor pecador Su mejor regalo: Él mismo. Y por eso daremos regalos mañana a nuestros hijos… simplemente porque son nuestros y hemos decidido amarlos, no basado en su desempeño, sino cómo Jesús nos ha amado a nosotros; quiero volver a contarles lo que Dios me dio cuando estaba perdida ¡es un día perfecto para anunciarles a nuestros hijos el evangelio! Decirles que nos llegó el alivio de dejar de tratar de ganar por esfuerzo humano porque nos llegó el Amor divino. Eso dicen los regalos. Eso es Navidad.

“Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios,” -Efesios 2:8


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Como Habacuc

Como Habacuc

por Aixa de López

Miren. Si. Demos gracias por la salud, la familia, el trabajo y la comida.

Pero.

No nos estacionemos allí. Nuestra alegría y tranquilidad están completamente conectadas a la fuente de nuestra gratitud y si esa fuente se seca, con ella se secará nuestra esperanza. Si todo lo que agradecemos tiene que ver con nuestras circunstancias y lo que estimamos de acuerdo a nuestras mentes humanas, nuestra felicidad pende de un hilo.

Si todo lo que nos alegra hoy, se perderá tarde o temprano, nuestra felicidad es un espejismo.

El que ha sido hallado en Cristo, canta alabanzas cuando se queda sin absolutamente nada, porque lo que sabe que necesita, está espléndidamente suplido eternamente en lo que se logró en la cruz.

El que le pertenece al Señor llora sus dolores porque sabe que es comprendido por El que se hizo carne; goza sus alegrías porque sabe que Quien las da, disfrutó de la playa, el pan y el vino… PERO se mantiene con el radar atento sabiendo que su verdadera vida no es esta.

Que hoy sinceramente consideremos esto: la cruz es nuestra bendición más grande. Sin ella, la vida más #blessed, deseable y codiciada, es nada. Literalmente nada.

Que nuestros hijos de vez en cuando nos oigan orar en la mesa por más que comida y las cosas que ven… “Señor gracias por la cruz. Aún si en este momento no tuviéramos nada en la mesa, ni ropa ni techo o salud, por lo que hiciste en la cruz, te tendríamos para siempre y eso bastaría. Gracias.”

Cómo lo dijo Habacuc…

“Aunque todavía no florece la higuera, ni hay uvas en los viñedos, ni hay tampoco aceitunas en los olivos, ni los campos han rendido sus cosechas; aunque no hay ovejas en los rediles ni vacas en los corrales, yo me alegro por ti, Señor; ¡me regocijo en ti, Dios de mi salvación!”

Habacuc 3:17-18


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Chris

Chris

Por Aixa de López

Ayer recibí una llamada que nadie quiere recibir. Mi querida amiga Loly al otro lado del teléfono, aún sin creerlo ella misma, me anunciaba que su segundo hijo (de 14 años) había fallecido en un accidente. Ella me pidió pronunciar unas palabras en su entierro hoy y por temor a no poder hablar, lo escribí. Con la autorización de ella y su esposo, les comparto lo que dije:

Conocimos a la familia Pineda Tercero en nuestra primera casa, ellos eran “la 1” y nosotros “la 11” y fuimos vecinos al menos 7 años. Muchísimas tardes mis hijos gozaron de la hospitalidad increíble de Loly, con juguitos en caja y galletas Chiki de fresa. Vimos a Chris nacer, gatear, caminar, aprender bici y luego moto. Nunca he olvidado la manera en que decía delicioso -“delishoshio”- y la uso muy seguido cuando hablo con bebés (¡me parece que expresa perfectamente el significado de la palabra!); mi Juan marcos usó mucha de su ropa porque Loly siempre nos apartó herencias…

herencias

Los papás hacemos planes para los hijos y deseamos y nos esforzamos por dejarles aunque sea una pequeña herencia… Todo, absolutamente todo lo que Dios me ha enseñado a desear para mis 4 hijos, Chris hoy posee.

1 Pedro 1:3-6 dice “¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo.”

No pasemos por alto que a esta amada familia no le faltó protección de Dios, porque lo que Dios desea proteger es nuestra esperanza eterna y Chris la tuvo. Y la herencia no se refiere a las calles de oro, al mar de cristal, la mansión o al cuerpo sano; en el cielo se nos dará todo eso solo para que podamos medir que es completamente irrelevante comparado al gozo de poder ver a Jesús cara a cara y caminar literalmente de Su mano, porque el pecado con el que luchamos a cada instante ahora, en este cuerpo caído y rebelde ¡ya no existirá jamás! ¡Ya no nos estorbará! y con cuerpos glorificados que incluirán corazones verdaderamente puros, podremos ser perfectamente obedientes y comprobar con nuestros ojos lo que solo creíamos por fe. Y esa será nuestra máxima felicidad.

Desde mi primer embarazo Dios fue claro conmigo y me mostró lo que he llegado a comprobar cientos de veces en la Escritura: mis hijos no son míos. Le pertenecen. Y eso no es nada a lo cuál temer, porque no podríamos tener un dueño más bueno o que nos amara tan fuerte y decididamente o que tuviera más poder.

Dios me ha enseñado lo que es bueno (El salmo 73 dice “para mi el bien es estar cerca de Dios”) y eso me ha vuelto “rara” para orar. Quiero para mis hijos ese bien.

Hace quizás un mes, estacionados frente al colegio, oramos como cada mañana, tomando turnos con los niños, y empecé a hacer mi oración, inclinada hacia el instinto materno de proteger y aferrarme a lo terrenal y temporal, diciendo: guárdanos, protégenos… etc… y sobre la marcha sentí como Dios corregía… o más bien, completaba mi oración… y después de una pausa, terminé diciendo: aún si hoy nos quitaras todo, aún si hoy todo cambiara y termináramos el día totalmente diferente a cómo empezamos, gracias porque lo que nos diste en Cristo es suficiente, porque nos trajiste a tu familia y eso jamás puede cambiar, porque tu regresarás y reinarás en perfecta justicia y todo lo triste será desecho, ¡ven pronto por favor!

Necesitamos desesperadamente dejarnos enseñar por Su palabra dos cosas: que Él es soberano y que los que hemos nacido del Espíritu a una nueva identidad no pertenecemos a este mundo.

Él es soberano y no somos de este mundo.

¡La razón por la que duele tan profundamente todo esto es porque hay una alarma interna, innegable, que indica que esto no puede ser todo! ¡El sufrimiento es lo que nos arranca las raíces de este mundo porque no fuimos hechos para él! Pablo lo dice en Romanos 8:22-24 “Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados…”

Las mujeres sentimos morir al dar a luz y nuevamente sentimos morir al entregar a un hijo; es dolorida esta espera, pero hay esperanza para soportarla. Ya vendrá ese glorioso día.

¡Enseñemos a nuestros niños a orar oraciones completas, que rebasen cada vez más sus deseos naturales de seguridad y comodidad, y que sean enfocadas en un bienestar que nunca pueden perder!

No pongamos sobre sus hombros pesos que no les corresponden. Si enseñamos que pidan con fe solo por una lista de bondades que se irán, su fe se esfumará cuando no reciban lo que pidieron, pero si les enseñamos a pedir a Cristo y Su regreso, su fe crecerá y será inquebrantable porque sabemos que lo recibirán. Seamos cristianos que anhelan Su segunda venida, que ellos nos oigan pedirlo en nuestras oraciones. ¡Pongamos atención al dolor de hoy! No lo queramos barrerlo abajo de la alfombra. El fin de días como este es apuntarnos a Cristo. Es desear que regrese. Es quererlo a Él. El cielo será el cielo, no porque nos tendremos unos a otros, sino porque tendremos a Jesús frente a frente y no hay algo que falte en su presencia.

NADA.

FALTA.

EN SU PRESENCIA.

Es gloriosa la descripción en Apocalipsis 21:1-5: “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir». El que estaba sentado en el trono dijo: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!» Y añadió: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza».”

El cielo será el cielo, no porque recuperaremos lo perdido, sino porque Jesús tendrá con él a quienes soñó desde el principio: rebeldes enemigos transformados en hijos que saben que son amados, aptos para habitar el lugar perfecto, no por sus buenas obras, sino porque el rescate de nuestra alma secuestrada fue pagado totalmente en la cruz del calvario. ¡Nuestro gozo será completo! ¡Nuestro Salvador, cercano!

Habiendo dicho todo esto… quiero asegurarles, Loly e Ivan, Ivancito y Dianita, abuelitos, tíos y todos nosotros, que Dios camina al ritmo de nuestro corazón adolorido, porque un día también vio morir a su hijo. A su único. A su verdaderamente Perfecto, no en un accidente, sino en manos de quienes Él trataba de salvar, por orden del Padre mismo… Es un dolor que jamás terminaremos de comprender y un amor que pasaremos adorando eternamente. El es el que minutos antes de resucitar a su amigo Lázaro, lloró frente a su tumba. Jamás dijo: ¡no lloren! (Por cierto… este no es momento de dar razones u opiniones, es día de llorar con los que lloran).

Dios está y estará pendiente de cada lágrima, al extremo de guardar cada una en un frasco… eso dice el salmo 56:8. Tenemos un Dios temible y poderoso y a su vez es un cordero tierno que se mantiene cercano a los de corazón quebrantado, como dice el Salmo 34.

Le pido al Señor que no anhelen el cielo principalmente por reunirse con Chris, porque si él ocupa un lugar central, van a perderse en su dolor y el diablo puede aprovecharse de ese amor comprensible pero desordenado; le pido que anhelen el cielo por Jesús. Si lo desean a Él, obtendrán todo por añadidura, incluyendo estar todos juntos otra vez.

El alivio verdadero vendrá, no de distraerse, sino de enfocarse en la Verdad de la Palabra; mi oración es que El Señor haga brotar hambre y los alimente y sostenga con ella, y les enseñe a caminar con este dolor que antes no existía, con una esperanza que quizás tampoco existía.

Oseas 6:1-3 dice:

“¡Vengan, volvámonos al Señor! Él nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará. Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará, y así viviremos en su presencia. Conozcamos al Señor; vayamos tras su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, él habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra.”

Oración final:

Te pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de tus gloriosas riquezas, los fortalezcas en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios”

Efesios 3:16-19

*fotos Unsplash


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Prometo odiarlo

Prometo odiarlo

por Aixa de López

Sé que a veces aún te cuesta distinguir, pero al que detesto es a tu pecado. Porque a ti te amo, y precisamente porque te amo, necesito odiar todo lo que te ponga en riesgo. Separarte de Dios es lo peor que puede pasar, y tu instinto natural es correr en dirección opuesta a Él, porque el mal te habita. Lo sé porque vivo la misma lucha y he aprendido a aceptar que no puedo sola.

Yo sé que quizás no has llegado a verlo claro, pero cada intento de solucionar tus asuntos a tu manera, es una declaración de desconfianza en Él y Su plan. Eso es pecar: decir en tu corazón “yo puedo ser como Dios y yo decido lo que está bien y lo que está mal” y Él no cabe en esa ecuación.

Cada vez que escoges hacer tu voluntad, aún en las cosas más pequeñas, estás escogiendo rechazar el camino que te hará vivir aunque por el instante parezca que te va a matar, porque hacer la voluntad de Dios se siente como morir… ¡porque eso es! Morir a ti y lo que tú carne desea, pero luego es vida.

Odio tu pecado porque te pone en el centro y estando en el centro eres blanco fácil del enemigo de tu alma. Como cuando un venado se arriesga a salir a una planicie. Pareciera un paraíso con mucho campo para correr, brincar y hacer lo que quiera, pero jamás podrá esconderse de las balas del cazador porque allí no hay refugio o tregua. Verte correr en ese campo abierto (en el mismo lugar donde yo misma he recibido balas) no puede serme indiferente y menos puede darme gozo; me da angustia y el impulso de correr con todas mis fuerzas para llevarte al lugar seguro, arrastrándote si es necesario, aún si me odias un poco porque en el momento no entiendes lo que hago. A veces mis intervenciones y desaprobación serán interpretadas como falta de amor pero son todo lo contrario. Como te amo, odio tu pecado. Como te amo, quiero hacer contigo lo que otros hacen por mi: arrastrarme al lugar seguro.

Hacer tu voluntad es suicidio, aunque no te hayas dado cuenta, y ser testigo mientras lo haces me hace cómplice de tu muerte, lo cual me hace doblemente culpable.

Jamás cuentes conmigo para eso.

El Señor nos dió los unos a los otros para amarnos y amarnos incluye el abrazo cuando hay frío, el hombro cuando hay tristeza, la voz de alarma cuando hay peligro y la corrección cuando hay necedad. Te amo, pero amo a Dios y su gloria por encima de eso. Nuestra libertad y acceso al lugar seguro costó sangre, y entre más lo comprendo, menos puedo soportar nuestros intentos de sabotearlo. Por eso me arriesgo a tu enojo momentáneo, y te prometo odiar tu pecado.

“Más vale ser reprendido con franqueza que ser amado en secreto. Más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa.”

Proverbios 27:5-6

“Pero, si tú le adviertes al justo que no peque, y en efecto él no peca, él seguirá viviendo porque hizo caso de tu advertencia, y tú habrás salvado tu vida».”

Ezequiel 3:21


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