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Como espejos

Por Aixa de López

 

-A continuación les comparto algo que escribí a petición de algunos Jóvenes de la Fráter, para su celebración de noviembre 2017.-

 

img_8886No tenemos luz propia. Ese es nuestro error. Pensar que está en nosotros producir luz. Y entonces tratamos y fingimos y nos cansamos en lo equivocado… Nunca se ha tratado de nosotros. ¿No lo hemos visto claro? ¿Quién antes de ser usado por Dios, ha sido evaluado por sus habilidades y talentos? ¿O por su récord impecable?

Ninguno. Jamás. Ha sido usado por Dios por lo que tiene que ofrecer. Todos. Siempre. Son usados por Dios para que en su debilidad, Él se haga fuerte.

Moisés, el prófugo tartamudo.

David, el adúltero asesino.

Pablo, el orgulloso perseguidor.

Alguna vez leí que Dios, antes de usar un vaso, lo quiebra… Y es verdad.  Para que alguien brille, debe ver su oscuridad y dejar de pretender generar brillo propio. Porque no está allí. Cada vez que lo intentamos, nos hinchamos y crecemos mal… Y morimos ciegos.

Sale el Sol de justicia y V E M O S…  que cualquiera que se apoya en sus talentos y habilidades, no es apto para el Reino de la luz. Porque este no es un show de talentos. Es una familia a la cual llegamos por misericordia. El reino de la luz, es de los que se rinden porque entendieron que a menos que se conecten al Padre, no hay poder.

Es contradictorio, pero nosotros somos capaces de brillar cuando entendemos nuestra oscuridad y nuestra necesidad de conexión… Y nosotros no podíamos llegar a la fuente, entonces la fuente llegó a nosotros… Todo nuestro esfuerzo para brillar y parecernos al Padre, solo llegaba a ser una chispa débil.

Pero vino Cristo.

Esa columna de fuego que nos iluminó en el desierto, por quien podemos caminar seguros y frente a quien la oscuridad huye. La oscuridad del corazón y del universo entero.

Y frente a Él, con vidas doblegadas, sin nada que ocultar y agotados de tratar… Sucede… Que empezamos a reflejar… Su fuego. Sólo brillamos como espejos. Ese es nuestro rol.


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En honor a la abuelita, para la gloria de Cristo.

img_9204Por Aixa de López

Ayer me dieron el gran honor de pronunciar algunas palabras en el funeral de la Abuelita Alice. Madre de mi suegro, el Pastor Jorge H. López (y una hermana y 3 hermanos más) y abuelita de mi esposo (y otros 15 nietos más, bisnietos y tataranietos).

Vivió 85 años y yo la conocí por 20. Fui testigo de lo que significa honrar a padre y madre. Fue un gozo conocerla.

Estas son algunas lecciones que Dios me enseñó a través de ella y que pude compartir:

 

La orfandad y los inicios difíciles no son más fuertes que el amor de Dios y su palabra.

Se quedó huérfana de padre y madre a los 5 años y pasó sufrimientos que ningún niño debería pasar, pero la poca escritura que su mamá le pudo enseñar en esos 5 años, se quedó con ella como semilla que no dejó de dar fruto. La sostuvo y la definió para luego responder y recibir la salvación. Un inicio triste no nos sentencia a un final triste.

•Al momento de perder mucho (hasta a un hijo) no tratemos de “agarrarnos” a Jesus, porque somos débiles, rindámonos porque Él nos “agarrará”.

Esas son palabras que la oí decir vez tras vez en medio de la red de mujeres, cuando una de nuestras hermanas pasaba por pérdida, especialmente la de un hijo. Ella enterró un bebé de 1 año y perdió un gemelo en el parto.

Damos porque lo disponemos, no porque tengamos mucho.

Una vez un pastor preguntó a su congregación ¿Quién está dispuesto a recibir a este bebé, cuya mamá padece una enfermedad que la imposibilita? y sin trámite, capacitación o análisis, levanta la mano la joven mujer, prácticamente sola, que trabajaba “lavando ajeno” y vendiendo chuchitos, con 5 bocas que alimentar… Esa era la abuelita Alice y Dios nunca la dejó. Crió a 6 y bendijo a miles en su mesa, con sus manos, oraciones y regalos de cumpleaños.

El trabajo que parece poco importante, honrado y gozoso produce fruto que sobreabunda.

A veces pensamos que se necesita ser una gran profesional y empresaria para traer gloria al Nombre del Señor. Ella aprendió a leer y escribir sola y trabajó lavando en otras casas, vendiendo tickets en la feria del zoológico de la ciudad y vendiendo comida y otras cositas. Y siempre tuvo porque vivía contenta con lo que ya contaba y siempre pensaba en dar.

Madres jóvenes: jamás piensen que Dios no aprecia o recompensa lo que se hace en privado y que parece insignificante. Él ve y él sostiene. El trabajo no-glamoroso también le trae gloria.

El gozo está en lo que somos en Cristo, no en las circunstancias.

Si alguien podría haberse amargado y tenido mil excusas, era ella. Pero su sonrisa perpetua y sus palabras empapadas de gratitud daban fe de que lo que la había moldeado era la Palabra que va más allá de lo que sus ojos podían ver. Su gozo no se rompía porque no dependió jamás de lo que tarde o temprano perdería.

He conocido mujeres con cuerpos fuertes y bien moldeados. Arreglados. Y claro que se puede ser así y tener un espíritu igualmente bello. Pero ella era una de las mujeres más hermosas que conocí. Con sus huesitos débiles y torcidos y su piel arrugada… su mujer exterior desgastándose… su espíritu atento, humilde y satisfecho en Él, era precioso delante del Señor.

El Servicio es parte natural de la actitud del que ha nacido de nuevo. No el tiempo que pasó en la iglesia. Donde estoy y como estoy, es para servir al Señor.

No necesitamos plataformas o micrófonos. Donde estamos y como estamos, allí somos necesarios. El la rutina de la vida. Una amiga querida dijo que su silla de ruedas era su oficina. Es verdad. Ella ejerció su ministerio desde su fragilidad y usó su celular para orar por quienes ya no pudo visitar. Los que la visitamos en su cama, salimos fortalecidos. No se necesitan piernas fuertes para correr en la carrera de la fe, sólo corazones rendidos y necesitados de Él.

Y habiendo dicho todo esto, debo aclarar que el funeral de la abuelita no pudo tratarse de ella. Porque su vida no se trató de ella. La abuelita fue y seguirá siendo una bendición, pero no llegó a la meta porque fue “buena”. Llegó porque creyó en que su mancha de pecado no se quitaría a menos que corriera a Jesús. Todas sus buenas obras fueron la respuesta al torrente de bondad que recibió de Dios a su favor en esa cruz.

Estas son excelentes noticias para cualquiera que no tenga el récord de la abuelita, porque Jesús vino por pecadores y eso somos todos. Tenemos el mismo chance si humildemente nos refugiamos en lo que Jesús hizo.

Pablo escribió en Filipenses 1:20-26: Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Ahora bien, si seguir viviendo en este mundo representa para mí un trabajo fructífero, ¿qué escogeré? ¡No lo sé! Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este mundo. Convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos ustedes para contribuir a su jubiloso avance en la fe. Así, cuando yo vuelva, su satisfacción en Cristo Jesús abundará por causa mía.

La muerte sólo puede significar ganancia para el aquel cuyo vivir es Cristo. De otro modo no tiene sentido. Si nuestro tiempo como peregrinos en esta tierra, no provoca que alguien más tenga un “jubiloso avance en su fe”, estamos perdiendo el tiempo y nos vamos a ir a la tumba con las manos vacías.

Corintios 15:19 Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales.


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El rugido es canto

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foto por Frater

Por Aixa de López

 

 

»Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos.

 —Señor —respondió Pedro—, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte.

 —Pedro, te digo que hoy mismo, antes de que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces.

Lucas 22:31-34

Es increíble que nos sorpenda nuestra maldad, porque a Jesús jamás le ha sorprendido. Sabe que somos de barro, aún si perdemos el tiempo haciéndonos pasar por cristal.

Él regresó a Pedro. Regresó porque es el Buen Pastor y amaba a ese borrego torpe que se escapó. Regresó, no porque Pedro fuera bueno, sino porque Él lo es y se lo había prometido.

Y cuando vino, se paró frente a él y lo amó con verlo. Ese poder tienen sus ojos. Ven a través de la estupidez y miedo humano y cuando nos ve, ve adentro. Ve lo que Su Padre ve. Satanás finge ser un león y devora. Jesús es el Verdadero León que no regresó con un plan de venganza, ni sed de sangre, sino todo lo contrario, fue el León que la dio toda… para ejecutar el plan maestro de rescate. Porque ese era el punto de su muerte.

La vergüenza y el dolor de Pedro al haber oído el gallo, no pudieron frustrar el plan divino. Es más, lo embellecieron. Hicieron ver mejor que no es del que quiere ni del que corre, sino de quien Él tiene misericordia. Cuando jesús le anunció que lo iba a traicionar, también dijo que lo haría regresar, para hacer fuertes a otros débiles.

Pedro jamás fue escogido por ser apto, sino para desplegar la gloria del que ama por amor a Su Nombre. Nunca se trató de nosotros.

Después del gallo, quedó claro que no había posibilidad de verdadera bondad en Pedro. Quedó absolutamente comprobado que jamás podría, ni con toda su fuerza de voluntad, ser “bueno”.

Entonces.

Quedaba una sola cosa: verlo venir y llorar de alegría. Porque su noticia es Salvación. Es amor gratuito e incomprensible. Es entender que la gloria es Suya, porque la salvación es Suya.

Jesús llegó con una sola pregunta, dicha 3 veces. Como para deshacer las tres negaciones.

¿me amas?

No porque no lo supiera, sino para que quedara grabado en el aire y en los oídos del corazón del redimido. Para que aterrizara en la memoria. Los recuerdos de la negación regresarían, pero era como si Jesús estuviera asegurándose de que Pedro tuviera una respuesta para cuando lo hicieran. Lo traicionó escondiendo la mirada, y ahora, Jesús lo estaba restaurando al permitir que le dijera te amo, viéndolo a los ojos. Esa mirada y esas palabras, hicieron la canción que calló al gallo para siempre. 

Porque lo que Jesús hizo fue cantar. No hay otra manera de describir un rugido del León que ama a sus ovejas. Esa canción es la fuerza y la razón por la que Pedro vivió y escribió:

“Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.”

1 Pedro 5:10

Y por ese canto, junto a Pedro, canto yo.


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Lo que canto cuando canta el gallo

 

FullSizeRenderpor Aixa de López

 

Pedro juró jamás dejarlo, y creo que lo decía en serio…. Pobrecito… tenía demasiadas esperanzas en él mismo. Y Jesús sabía. El gallo cantó justo cuando el temor que lo habitaba y gobernaba, salió por su boca para negar al que decía amar.

Hay días en los que si yo no pongo mis ojos en Él, no tengo nada bueno qué mirar, porque me parezco a Pedro… mi desempeño es espantoso y este mundo caído está loco.

¿Qué canción podría haber cantado Pedro después de fallarle así al Señor? ¿Querría cantar? Si soy sincera, a veces llego a la congregación con ecos de mi propio gallo sobre la cabeza… y cantar de mí y lo que pienso o hago, me pone en riesgo de tirar la toalla porque un buen día mientras canto, el diablo puede oírme y decirme en voz baja que todo eso es una gran mentira y que soy la más grande farsante. Pero si canto de ÉL… si canto de Él… puedo llorar de alegría al ponerle melodía a la Verdad, que es Verdad porque nunca deja de ser y es verdad independientemente de mi. Todos los días, Su Verdad, es Verdad. Necesito cantar de Él, porque mi alma olvida.

Sólo una canción que anuncia Quién es El, tiene palabras que son ciertas en cualquier era, lugar y situación. Yo tengo días buenos y malos, días en los que soy buena mamá y no olvido comprar la comida de las perras, dejo las cosas en la lavandería y llego a tiempo a mi cita… pero hay días, en que digo lo que no debería, dudo del amor de Dios y duermo otros 15 minutos… yo varío. Prefiero cantar de lo que está terminado. Hecho. Consumado. Garantizado. No puedo depender de mí. Cada vez que lo hago, canta el gallo. Y así no puedo cantar. No de mí.

Aún en el peor de los días, cuando sienta que este mundo es una caja oscura sin salida, por mi pecado o el pecado cometido contra mí, por el quebranto y la debilidad que entró por la maldición de ese primer Adán, EL sigue siendo perfectamente Bueno y merecedor de todo los cumplidos que pueda pronunciar. Si digo mil versos de Sus maravillas y me quedo sin garganta por hacerlo, jamás estaré mintiendo… necesitaremos una eternidad para admirar y cantarle al Cordero que Venció.

Hay un tiempo y un lugar para cantar lo que siento y quiero, porque David lo hizo muchas veces y los Salmos dan fe, pero tengo que notar que aún cuando muchos salmos empiezan con lo que el humano siente, terminan declarando quién Dios es y será. Y allí está la esperanza y la renovación de espíritu. En el plan de redención que fielmente llevó a término y no en lo que nosotros haríamos.

Mis fuerzas no regresan de cantar que trataré más fuerte y de admirar lo que he logrado. Lo que me quebranta y alegra es una sola cosa: cuánto el Perfecto amó a los pecadores.

Cantaré al Señor toda mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.

Salmo 104:33

 

Les tengo unas recomendaciones…

Lecrae

Keith and Kristyn Getty

Psallos (The Book of Romans in song!)

 

Dios de toda gracia

Banda Horizonte

La Salvación es del Señor


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extranjeros

IMG_8231Por Aixa de Lopez

 


Esto fue escrito para complementar la predicación impartida en la Celebración del grupo de Jóvenes Fráter en Agosto del 2016. Agradezco mucho que lo solicitaran y que el equipo de producción de la Fráter los apoyara y yo saliera bendecida y ustedes que reciben el blog, también. 🙂


 

Tenemos algunas diferencias, ustedes y yo… Algunos años, algunas canciones, algunas heridas… ¡Pero lo que tenemos en común!… Lo que tenemos en común es tan increíble que cualquier otra cosa ¡se vuelve nada!

Si vamos caminando en este mismo camino angosto y empinado, es porque fuimos rescatados por el mismo par de manos. Manos que se extendieron hasta romperse y sangrar, con tal de traernos a la misma familia. ¡Somos hermanos!

Lo que tenemos en común es el rescate. Es la gloria de recibir un nuevo nombre a pesar de las traiciones. Lo que tenemos en común es el rescatador. El que no se rinde y vuelve a cargarnos si es necesario, para que juntos cantemos la canción de los peregrinos.

Porque eso somos.

Peregrinos y extranjeros. Y cantamos aún en los días en los que lloramos… Porque nuestra esperanza es segura. Somos peregrinos y extranjeros… No porque no tengamos casa. Pero porque nuestra casa verdadera no es esta. No nacimos del Espíritu para habitar castillos terrenales hechos con manos humanas. Nacimos del Espíritu para poner nuestra mirada en lo eterno, y para mientras que viene a establecerse Su reino, nuestro reino, esperamos en carpas. Nosotros no nos sentimos cómodos en este mundo, porque no podemos amoldarnos a eso de lo cual fuimos salvados y por lo que murió nuestro mejor amigo. Cada día que pasa, y que pasamos en Su Palabra, se nos cambia el corazón y lo que queremos es amarlo mejor. Y hallaremos resistencia, tanto adentro de nosotros, como afuera. Porque fue lo prometido. Haber sido rescatados implica haber sido llamados a ser incomprendidos… Pero es un precio muy pequeño, por la gloria que espera. Nuestra gloria es que llegara el día en el que lo veremos a los ojos, y sabremos que haber pasado todas esas penas, ha sido realmente una completa alegría.

Adelante peregrinos, porque no vamos solos. Él nos lleva y ¡nuestro destino es seguro! Fuimos hechos para vivir en Sus brazos y para allá vamos.

 

“Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra.” Hebreos 11:13

 


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Dios que hiere y sana

IMG_1647Por Aixa de López

 

“Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito. Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo.” 1 Pedro 4:12

 

Caminar bajo la mano del Todopoderoso no nos garantiza ausencia de dolor, es mas, nos promete un dolor diseñado para producir ganancia.

Ninguno de nuestros problemas son sorpresa para Él y no lo deberían ser para nosotros. Es triste que muchos crean que los trechos duros son idea del diablo, porque muestra lo poco que conocemos la Palabra y a su Autor. Si no comprendemos que la naturaleza de Dios es absolutamente diferente a la nuestra, es muy duro aceptar que Él mismo diseña nuestros dolores, es decir, no sólo los permite, sino los programa… pero en realidad eso no nos debería molestar ¡sino animar! Porque saber de su soberaría disuelve nuestra ansiedad. Él nos ama perfectamente y sabe más. Él ya sabe lo que logrará al final, aunque el proceso nos parezca una crueldad. No lo es. Todo es misericordia y al final, cuando lo veamos a los ojos, todo tendrá perfecto sentido.

Someternos a Su voluntad es entrar a un consultorio donde nos van a examinar exhaustivamente y a diagnosticar una enfermedad terminal. La Palabra y la revelación del Espíritu Santo, diagnostican traición al nivel más vil: Rebeldía al plan original. Y requiere intervención. Porque esa es nuestra necesidad más urgente, reconexión con la fuente de vida, que es Dios.

Si somos suyos, Él hará lo que sea que tenga que hacer, dará o quitará lo que tenga que dar o quitar, con tal de que lo conozcamos. Si nos doblegamos, estamos autorizando que entre con escalpelo y luz, a extirpar lo que sea necesario. Ser discípulo no es un proceso indoloro, pero si glorioso. Con propósito eterno.

“Vengan, volvámonos al Señor! Él nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará. Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará, y así viviremos en su presencia. Conozcamos al Señor; vayamos tras su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, él habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra.”

Oseas 6:1-3

 

 


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S5:16

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Por Aixa de López

 

Lloraba del otro lado de mi ensalada. Me llamó. Varias veces. Y aquí estábamos. Había luchado mucho sola. Sobre todo con su vergüenza y con su orgullo. Y llegó al punto de no poder tachar el último paso en cada secuencia de consejos que encontraba con tal de curarse. Porque no existe eso de la auto-curación o la auto-ayuda… la auto-salvación. Eso es un mito cruel. Si, ya había desnudado su alma frente al cielo y su Rey, pero aún después de ese acto de desafío a su propio reino escondido, faltaba ir y presentarse ante alguien más, que la viera a los ojos con un corazón roto, libre y disponible.

Dejar ver su debilidad era lo último que quería, pero era lo que más necesitaba. El Dios que la hizo, nos hizo, sabe que nuestra carne nos jugará la vuelta, y conoce bien las viejas tretas de nuestro enemigo… ese enemigo que recalienta palabras sucias para convencernos de que no merecemos regresar otra vez con nuestro Padre y que tampoco tenemos un sólo amigo que nos querría después de contarlo todo, porque somos un asco… así es como juega y miente.

El Señor no puede permitirnos esquivar el paso de confesar nuestra maldad a otro, porque sin compartir el quebranto, resultamos caminando torcido y escondiéndolo, como cuando dejamos que un hueso roto se quede desatendido y busque pegarse solito y quede mal. Dios usa voces de santos que han oído mil veces ese discurso acusatorio, pero que han empujado de regreso más fuerte con el discurso redentor que los ha hecho libres. El diablo no sabe contestar a la Verdad que insiste, sólo sabe recortarla y doblarla para pintar un retrato triste de Dios y así dejarnos pensando que nos irá mejor por nuestra cuenta. Y si somos cristianos, no es posible esconder las heridas sin morir. Muchos mueren, no por la herida, sino por dejar que su podredumbre avance hasta el corazón, que es donde se guarda la esperanza.

Sus lágrimas rodaban en parte, porque pensó que al abrir la boca, saldrían piedras picudas que inevitablemente quebrarían la imagen que yo tenía de ella y que mi amor saldría corriendo al oír el estallido. Porque el orgullo se mezcla con la vergüenza, como un aderezo venenoso. Si el diablo no puede matarnos denigrándonos, nos mata enalteciéndonos… diciendo que “esto no es tan grave”, o que lo más importante (y que debemos proteger a toda costa), es la imagen falsa que proyectamos…

Y cuando abrió la boca, salieron piedras… que cayeron de su espalda, y pudo caminar más liviano. Y si, se rompió su imagen… y vi la imagen de Cristo en su quebranto, la pude ver más bella y valiente que antes. Porque sólo alguien que ya entendió su valor en esa Sangre, tiene las agallas de decir lo que hizo. Allí, a medio restaurante, del otro lado de mi ensalada, vi a la mujer del perfume, sin más fuerzas para fingir y sin más razones para hacerlo. Es un momento santo, estar en la mesa del Señor cuando una pecadora entra llorando para derramarlo todo a Sus pies, sin contar la vergüenza pública como algo a lo cual temer más.

Ella vino a mí, porque supo que yo había derramado mi propio perfume, muchos años antes. ¡De lo que nos perdemos al jugar de ser iglesia mientras tapamos nuestras heridas y caminamos torcidos con huesos mal pegados!

Mientras la veía y escuchaba, pensaba en cuánto anhelo que mis hijos sean así. Porque pecarán y quebrarán alguno de sus huesos… y le ruego al Padre, que luchen hasta saber que no se pueden auto-curar y corran por ayuda. Que sean libres destapando donde duele.

Si confiamos en la manera en que Dios quiere sanarnos, que es mandándonos sus abrazos y vendas, en otras manos humanas… nos vamos en cadena… recibiendo gracia para luego atender una llamada, ir a un restaurante y ver a los ojos a alguien que llora y decirle la Verdad, para al final, abrazarnos y querenos más que antes.

“Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados.” Santiago 5:16

Y una canción para este Corazón A papel… (aunque en inglés)


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Que nademos juntos

Salto. Foto por Aixa.

Salto. Foto por Aixa.

Por Aixa de López

 

Señor me dejaste verte y ahora se me prendió un fuego adentro que no se piensa apagar, a menos que hagas que los que me has hecho amar, te vean.

Tu belleza es una que necesito contemplar en compañía. El dejarme verte vino inevitablemente enlazada a una urgencia divina de ir por otros. Necesito que te vean Señor, porque no hay alegría superior.

Necesitan dejar de ver a otro lado porque cualquier otra cosa es una estrella que llegará a apagarse, pero Tú eres la estrella de la mañana y si te ven, sus ojos no tendrán oscuridad jamás y el calor que generas, secará sus lágrimas. Quiero esta alegría invencible para ellos Señor. Y soy muy débil y en mi afán de que te vean, me he desesperado y he actuado olvidando que eres Tú quien se deja ver y mis direcciones o empujones no pueden lograrlo. Ayúdame a descansar en ti Señor y a tener el gozo de saber que así como haces germinar las semillas, cambiar a las orugas y traer la lluvia, sin que yo me de cuenta, así estás trayendo salvación para los que amo.

Señor Tú me has hecho amar a gente que no me comprende y a gente que no te quiere …y esto es un gran problema… porque a medida que me has hecho quererte, quiero que ellos te quieran, porque no encuentro mayor fortuna. Quiero compartir las lágrimas de alegría cada vez que veo otra parte de ti…. Y aún no puedo. Estas relaciones están incompletas porque la mejor parte de mi alma sigue sin ser compartida. Aún no podemos abrazarnos en el alivio de haber sido encontrados. Aún no podemos compartir historias de rescate. Aún no existe el vínculo eterno de la salvación entre nosotros. Quiero que nademos juntos en este mar de gracia al cual me has traído, en el cual me has lavado, refrescado, y en donde me has ensañado a caminar. Ya no quiero que me vean desde la orilla. Llámalos Señor, despiértalos, que respondan al oír su Nombre de tus labios. Que sus oídos vibren y que sus corazones brinquen porque llega la vida. ¡Porque por fin ven, porque al fin oyen! Que su corazón se rompa porque empieza a latir y crecer. Y que yo pueda ver con maravilla cómo sacas vida de una tumba más.

Gracias por amarme y salvarme. Ahora Señor, úsame como usas una arteria diminuta y frágil, para llevar vida al cuerpo, usa este conducto que solito no cuenta, mantenme conectada a la fuente de vida, para que mientras ese día llega, mi corazón sea sostenido, porque es débil, olvidadizo y pequeño, pero me lo has dado para sentir angustia y amor para que no viva para mí. Porque esta alegría no sirve en soledad. Los necesito conmigo, no porque Tú no seas suficiente. No Señor. Aún si me mantuvieras de pie sola, Contigo, todo esto habrá valido la pena. Pero porque aún hay tiempo y este regalo es para más, hoy te ruego. Todo el amor que me derramaste encima sólo se puede notar si me pego a quien te necesita y dejo que le salpique. ¿Qué hago yo con tanto amor? no se puede contener… Quiero que te vean Señor, porque eres bello y porque necesitan vivir para El que nunca morirá. Porque nacimos para Ti y quiero que su Esperanza Viva, empiece en cuanto antes.

Nada de esto puedo pedirte en mi nombre, sino en el Nombre del que me he cambiado de plan y Quien me hizo camino hasta Ti, en ese bellísimo Nombre que me sella y por el que el temor se fue. En el nombre de Jesús, te ruego. Amén.


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